Ciudad de México.- Durante el informe de rendición de cuentas celebrado en el Monumento a la Revolución, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo aseguró que el expresidente Ernesto Zedillo Ponce de León negoció la entrega de la presidencia de la república al Partido Acción Nacional en el año 2000 con el gobierno de los Estados Unidos, como una condición directa para otorgar el préstamo de 40 mil millones de dólares que rescató económicamente al país tras la crisis financiera derivada del error de diciembre en 1994. Frente a miles de simpatizantes reunidos en la Ciudad de México, la mandataria federal utilizó este pasaje histórico para contrastar la política exterior de las administraciones neoliberales con la soberanía que, afirmó, defiende su actual gestión.
La titular del Ejecutivo federal sustentó su aseveración en las memorias publicadas por el propio excandidato presidencial del PRI en el año 2000, Francisco Labastida Ochoa, así como en declaraciones posteriores del también priista Roberto Madrazo Pintado. Sheinbaum Pardo detalló que el Departamento de Justicia y la administración estadounidense demandaron explícitamente al gobierno zedillista propiciar una transición democrática hacia la oposición a cambio de facilitar las líneas de crédito internacionales, lo que derivó en instrucciones directas a los gobernadores de aquella época para torpedear y restar apoyo a la estructura de su propio partido en beneficio del panismo.
La reactivación de este discurso en un evento de masas no responde a una simple revisión histórica, sino a una estrategia de blindaje ideológico frente a las tensiones bilaterales contemporáneas y las acusaciones de autoritarismo por parte de la oposición. Al exponer el condicionamiento financiero del pasado, la presidenta busca legitimar su postura de coordinación sin subordinación ante Washington, argumentando que los mismos sectores que hoy acusan centralismo en el poder local fueron quienes entregaron la soberanía nacional y la alternancia democrática a las decisiones dictadas por agencias extranjeras.
Finalmente, Sheinbaum enfatizó que este tipo de acuerdos cupulares tras bambalinas ejemplifican el régimen de privilegios que la llamada cuarta transformación busca erradicar del sistema político mexicano. La mandataria concluyó que la verdadera democracia se construye mediante el mandato popular y no a través de compromisos financieros transexenales, dejando en claro que su administración no aceptará intervencionismos ni medidas arbitrarias que pretendan utilizar la seguridad o la economía de México como herramientas de presión política externa.



