La Fiscalía General del Estado confirmó el homicidio y abrió una carpeta de investigación, aunque hasta el cierre de esta edición no se reportan detenciones ni avances significativos. El cuerpo de la víctima fue trasladado al Servicio Médico Forense de Orizaba para la necropsia, en medio de un silencio ensordecedor de las autoridades locales sobre posibles móviles. Fuentes preliminares indican que Mezhua fue citado al lugar bajo engaño, un patrón recurrente en la violencia política que azota la región.
Un líder forjado en la sierra
Juan Carlos Mezhua, de 52 años y conocido cariñosamente como «Compadrito» entre sus paisanos, gobernó Zongolica de 2018 a 2021 bajo las siglas del Partido de la Revolución Democrática. Previamente, fue diputado local por la misma fuerza política, donde defendió causas indígenas y el desarrollo rural en una zona marcada por la pobreza y el abandono estatal. Empresario en el sector de la construcción y la producción de cal, Mezhua impulsaba un movimiento independiente para disputar la gubernatura en 2027, con el objetivo de afiliar a quince mil simpatizantes en las próximas semanas.
En su última publicación en redes sociales, horas antes del crimen, compartió un video entusiasta desde su calera, anunciando una jornada de afiliación masiva. «Estamos construyendo un Veracruz para todos, sin ataduras partidistas», declaraba con su característico acento serrano, rodeado de trabajadores y colaboradores. Ese mismo sitio, testigo de su labor diaria, se convirtió en escenario de su muerte, sumando consternación a una familia que lo describe como «un hombre íntegro, de oficio político y gran corazón».
Indignación y reclamos en la era de la «paz»
El asesinato irrumpe en el marco de la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Veracruz, quien promueve su estrategia nacional de seguridad. Seguidores de Mezhua no tardaron en alzar la voz en plataformas digitales, condenando el hecho y cuestionando a la gobernadora Rocío Nahle. «Aquí los resultados de su estrategia de paz: la única tranquilidad es para los delincuentes. Juan Carlos era un ser humano excepcional», escribió un allegado en un mensaje que acumuló cientos de interacciones.
La funeraria Señor del Recuerdo, encargada de los servicios, emitió un comunicado emotivo: «Su legado como hombre de bien, político y exalcalde será recordado eternamente en la sierra de Zongolica». Mensajes de condolencias y demandas de justicia inundan las redes, con hashtags como #JusticiaPorMezhua ganando tracción.
Este crimen se inscribe en una escalada de violencia contra figuras públicas: hace 23 días, el alcalde independiente de Uruapan, Michoacán, Carlos Manzo, fue acribillado en circunstancias similares, con el Cártel Jalisco Nueva Generación ofreciendo dos millones de pesos por su cabeza. Desde entonces, al menos siete funcionarios y exfuncionarios han perdido la vida en ataques directos, desde Oaxaca hasta Guanajuato, elevando a quince el conteo de políticos veracruzanos ultimados desde 2021.
Analistas locales vinculan estos episodios a disputas por el control territorial en zonas ricas en recursos, donde el crimen organizado impone su ley ante la inacción gubernamental. «¿Quién aspira al poder en Zongolica a punta de balazos?», se pregunta un columnista en un medio regional, aludiendo a rivalidades ancestrales por el liderazgo indígena.
Mientras la sierra llora a su «Compadrito», la pregunta persiste: ¿cuántas balas más serán necesarias para que la paz deje de ser solo un discurso? La familia de Mezhua exige respuestas urgentes, y la sociedad veracruzana, cansada de velorios políticos, clama por un alto a esta hemorragia de democracia.



