Santiago, Chile.- Concepción y la región del Biobío enfrentan una de las emergencias más graves de los últimos años. Al menos 18 personas han fallecido y más de 20,000 han debido abandonar sus hogares debido a los incendios forestales que desde hace días consumen el sur del país, principalmente en las regiones de Ñuble y Biobío.
Las autoridades actualizaron el balance este domingo en medio de condiciones meteorológicas extremas: temperaturas que alcanzan los 38 °C y vientos sostenidos de hasta 90 km/h que convierten cualquier foco en una tormenta de fuego incontrolable. Más de 24,000 hectáreas —equivalentes a cerca de 60,000 acres— han sido arrasadas hasta el momento.
En la comuna de Penco, el alcalde Rodrigo Vera ofreció un testimonio desgarrador en radio nacional: “En lo emocional estoy destruido”. Relató escenas de desesperación, con bomberos llorando en el suelo del puesto de mando y compañeros atrapados por el avance rápido de las llamas. “Se lo suplico, por favor, de lo más profundo de mi corazón. Vengan a ayudarnos”, imploró al Gobierno central.
El presidente Gabriel Boric decretó el estado de catástrofe en las dos regiones más afectadas, medida que permitió el despliegue inmediato de las Fuerzas Armadas. El mandatario insistió en la necesidad de obedecer las alertas SAE: “El fuego puede avanzar muy rápidamente. No esperen”. Boric confirmó las 18 víctimas fatales y destacó que todos los recursos del Estado están desplegados.
El ministro de Seguridad Pública, Luis Cordero, precisó que la cifra de fallecidos aún puede variar, ya que hay personas no localizadas, aunque muchas podrían estar en albergues. La Corporación Nacional Forestal reporta 24 incendios activos simultáneos en el país, la mayoría concentrados en el sur, en una temporada que ya suma 2,825 siniestros cuando el peak del verano apenas comienza.
La actual ola de calor y la prolongada sequía agravan una situación que Chile enfrenta cada año entre enero y febrero. El Gobierno había destinado 180 millones de dólares para prevención y combate, pero los incendios actuales recuerdan la tragedia de hace dos años, cuando 135 personas perdieron la vida en la zona central.
La prioridad sigue siendo salvar vidas mientras brigadistas y voluntarios combaten sin descanso un fuego que no da tregua.