La emergencia de un bloque en Morena
En las últimas semanas, la llegada conjunta de Cruz Pérez Cuéllar, alcalde de Juárez, Mayra Chávez, delegada de Programas de Bienestar, y Cuauhtémoc Estrada, coordinador de los diputados de Morena en el Congreso local, a eventos clave del partido como el Consejo Estatal y el Congreso Nacional, ha dejado de ser una coincidencia para convertirse en una alianza abierta. Este trío se proyecta como una alternativa de “cambio” dentro de Morena rumbo a 2027, buscando capitalizar la maquinaria de los programas sociales y el control territorial de Juárez. Sin embargo, más que renovación, esta convergencia revela pragmatismo faccioso y riesgos de fragmentación interna.
El pragmatismo por encima de la ideología
La alianza Mayra-Cruz-Cuauhtémoc combina perfiles complementarios: la operadora de los programas federales (Mayra), el operador municipal con presencia en la frontera (Cruz) y el legislador que articula al grupo en el Congreso (Cuauhtémoc). Esta articulación pragmática recuerda más a las viejas prácticas priistas de construcción de “corrientes” que a la supuesta pureza transformadora de Morena. Lejos de un proyecto ideológico coherente, parece un acuerdo de conveniencia mutua para disputar la candidatura a gobernador contra otras figuras como Andrea Chávez.
Mayra Chávez: el poder de los programas sociales
Como delegada de Bienestar, Mayra Chávez controla una vasta red clientelar a través de pensiones, becas y apoyos directos. Su visibilidad en actos con el trío fortalece su posicionamiento, pero también expone el uso partidista de recursos públicos. En un estado con alta dependencia de transferencias federales, esta estrategia asegura lealtades, aunque genera dudas sobre la autonomía real de los beneficiarios y el riesgo de que los programas sociales se conviertan en maquinaria electoral descarada.
Cruz Pérez Cuéllar: la fortaleza fronteriza
El presidente municipal de Ciudad Juárez aporta estructura territorial, recursos municipales y visibilidad en la primera ciudad más importante del estado. Su gestión ha sido objeto de críticas por temas de seguridad y servicios, pero su capacidad de movilización en la frontera es innegable. Al aliarse abiertamente, Cruz busca escalar de lo local a lo estatal, aunque su perfil genera resistencias internas en Morena por percibirse como demasiado “pragmático” y menos “radical” que otros cuadros.
Cuauhtémoc Estrada: el articulador legislativo
Como coordinador de la bancada morenista, Estrada ofrece control del Congreso y capacidad de negociación legislativa. Su presencia en la alianza completa el triángulo de poder: ejecutivo municipal, programas federales y poder legislativo. Esta concentración de cuotas de poder en un solo grupo contrasta con el discurso morenista de “no caer en los vicios del pasado”, evidenciando que las prácticas de cuotismo y control de plazas persisten con fuerza.
Riesgos de fragmentación y divisiones internas
Esta alianza abierta ya genera tensiones visibles con otros aspirantes y corrientes dentro de Morena Chihuahua, señaladamente al grupo Tabasco, representado por Andrea Chávez. En lugar de fortalecer al partido de cara a 2027, el trío acelera la lógica de precampañas prematuras y confrontaciones internas. La historia reciente de Morena muestra que estas divisiones suelen resolverse con imposiciones desde el centro, lo que podría erosionar la legitimidad del eventual candidato y debilitar al movimiento en el norte del país.
Continuidad o simulacro de cambio
Aunque se promueven como “cambio electoral”, los tres perfiles representan continuidad de la lógica centralista y dependiente de recursos federales que ha caracterizado a Morena. No proponen una agenda diferenciada para los problemas estructurales de Chihuahua —seguridad, agua, diversificación económica— sino que apuestan por replicar el modelo de lealtad a la 4T. Este “cambio” parece más cosmético que sustantivo, un reacomodo de fichas bajo el mismo paraguas transformador.



