Campos Galván: doble blindaje
La comparecencia del alcalde de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, ante el Congreso del Estado para explicar el adeudo millonario de ISR ante el SAT, representa mucho más que un trámite de rendición de cuentas financieras. En el tablero político de la entidad, este acto se perfila como su última gran aparición institucional antes de solicitar, el próximo miércoles 17 de junio, su licencia indefinida al cargo para concentrarse de lleno en la búsqueda de la candidatura de Morena a la gubernatura de Chihuahua rumbo a los comicios de 2027.
Sin embargo, el desahogo de este pasivo fiscal ocurre bajo una densa sombra de sospecha que alimenta las columnas políticas. Diversos observadores, incluso desde las filas internas de Morena, advierten que la vertiginosa carrera de Pérez Cuéllar avanza gracias a una parálisis selectiva en los órganos de fiscalización. En específico, se señala el congelamiento de al menos diez carpetas de investigación en la Fiscalía Anticorrupción de Chihuahua por presuntos actos fuera de la ley y desvío de recursos en la frontera, expedientes que permanecen archivados sin llegar a los tribunales.
Esta inacción ha llevado a analistas a sostener una hipótesis audaz: una presunta protección deliberada operada desde el Palacio de Gobierno por parte de la gobernadora María Eugenia Campos Galván. Bajo esta lectura, la mandataria estatal estaría jugando una estrategia de doble carta para la sucesión. Por un lado, impulsa de manera natural al candidato de su propio partido, el alcalde capitalino Marco Bonilla; por el otro, mantiene vigente y blindado a su viejo camarada de militancia panista, Cruz Pérez Cuéllar, hoy cobijado por las siglas guindas.
Este pacto pragmático de impunidad cruzada respondería al interés de la gobernadora de asegurar un blindaje de cara al futuro. Chihuahua arrastra una herencia de diez años de persecuciones judiciales de fin de sexenio, una dinámica destructiva que inició Javier Corral al perseguir penalmente a César Duarte, y que la propia Maru Campos replicó al instrumentar procesos en contra del corralismo, luego de que este intentara descarrilar su candidatura a la gubernatura en 2021 mediante la intimidación y el aparato judicial. En ese contexto de vendettas históricas, colocar fichas aliadas en ambos espectros de la boleta de 2027 no es un descuido, sino la única garantía de supervivencia política para evitar convertirse en la próxima víctima del ciclo de persecución chihuahuense.
Maru cede el foro a De la Peña
La ausencia de la gobernadora María Eugenia Campos Galván en la inauguración del Fan Fest de la Plaza del Ángel, con motivo del arranque de la Copa del Mundo, abrió de inmediato las conjeturas de la crítica local. Sin embargo, a diferencia del repliegue defensivo observado en el ámbito federal para proteger la investidura presidencial, en Chihuahua los analistas políticos interpretaron este movimiento estratégico bajo una lógica estrictamente ofensiva y de posicionamiento electoral: la deliberada intención de otorgar un abierto espaldarazo a la precandidatura del secretario general de Gobierno, Santiago de la Peña Grajeda, rumbo a la alcaldía capitalina.
En la semiótica del poder en la entidad, las ausencias del titular del Ejecutivo nunca son vacíos de poder, sino espacios cedidos con un propósito específico. Al delegar la anfitrionía oficial y el uso del micrófono en su segundo a bordo ante una multitud masiva y cautiva por la euforia deportiva, la mandataria estatal no solo le entregó la representación del Estado, sino también una de las plataformas de exposición popular más codiciadas y de menor desgaste político en el calendario público.
Para los observadores de la escena local, este acto funcionó como un claro mensaje cifrado hacia las estructuras partidistas y los sectores económicos de la capital. La Secretaría General de Gobierno es, por definición, una dependencia asociada al desgaste diario, la contención de crisis y la negociación dura en los pasillos de Palacio; sacar a De la Peña Grajeda de esa burbuja burocrática y colocarlo en el centro de un evento de corte familiar y deportivo persigue el objetivo de humanizar su perfil, vinculando su imagen con un momento de esparcimiento y orgullo colectivo.
Este sutil banderazo de salida opera como un blindaje y un impulso cupular frente a otras expresiones internas que aspiran a la misma posición en el proceso electoral. Al dotarlo de esta vitrina de alta visibilidad, el grupo en el poder ensaya la respuesta de las masas ante el funcionario y acelera sus niveles de conocimiento entre el electorado de clases medias y populares que se dio cita en el primer cuadro de la ciudad. Así, mientras el balón comenzaba a rodar en las pantallas gigantes, en el tablero político local la gobernadora movía sus piezas clave, confirmando que la plaza pública del Mundial también es un terreno fértil para el diseño de las sucesiones municipales.
Sheinbaum y el fantasma del Azteca
La ausencia de la presidenta Claudia Sheinbaum en el partido inaugural de la Copa del Mundo 2026, celebrado en el Estadio Azteca, trasciende la narrativa oficial de una simple saturación de agenda institucional. Para diversos observadores y analistas políticos, el repliegue de la mandataria federal hacia el blindaje de la alcaldía Gustavo A. Madero, el más importante bastión del morenismo en la Ciudad de México responde a un calculado control de daños ante el arraigado temor de enfrentar una rechifla masiva en cadena internacional, un riesgo latente que evocó de inmediato a los fantasmas políticos de Gustavo Díaz Ordaz en 1970 y Miguel de la Madrid en 1986.
El coloso de Santa Úrsula posee una aduana social histórica que la mercadotecnia gubernamental no puede controlar. A diferencia de los mítines partidistas o las plazas públicas sometidas a estrictos filtros de movilización y control de accesos, un encuentro de apertura mundialista convoca a un público plural y heterogéneo que escapa a la disciplina oficial. En la balanza de los asesores presidenciales pesó de manera decisiva la memoria histórica del país: en 1970, el agravio de la represión estudiantil de Tlatelolco sepultó bajo un abucheo ensordecedor el discurso de Díaz Ordaz; dieciséis años después, la ineficiencia gubernamental tras los sismos de 1985 se tradujo en una rechifla unánime que volvió inaudible la intervención de De la Madrid.
Al delegar los protocolos en la Secretaría de Gobernación y la Cancillería, Sheinbaum evitó exponer la investidura a la volatilidad de las masas, un movimiento que, si bien la protegió de un posible colapso de percepción pública, también significó una gran oportunidad perdida en términos de rentabilidad política. La Selección Mexicana rompió los malos resultados históricos al vencer dos por cero a Sudáfrica, un resultado inédito para el balompié nacional que arrastraba una cosecha de cinco derrotas y dos empates en sus siete aperturas anteriores.
La contundencia del triunfo y la posterior euforia colectiva de los más de 80 mil espectadores habrían otorgado a la mandataria una vitrina de orgullo nacionalista inigualable. Sin embargo, en la lógica del poder actual, el blindaje contra el disenso y el temor a heredar el estigma del repudio en el palco de honor de la FIFA terminaron por sepultar el beneficio potencial del festejo popular, confirmando que la plaza del Estadio Azteca sigue siendo un territorio temido por el Ejecutivo federal.

