El reloj marcaba las 21:00 horas del martes 21 de abril cuando las ráfagas de armas automáticas quebraron el silencio en la zona de El Pueblito. No fue un intercambio fugaz; testigos reportaron más de 40 minutos de fuego cruzado ininterrumpido. La incursión, presuntamente orquestada por una célula del Cártel de Sinaloa para disputar el control de la ruta hacia Ojinaga, escaló rápidamente hacia la comunidad de Falomir. En este punto, la violencia dejó de ser solo balística para volverse incendiaria: siete viviendas fueron rociadas con combustible y quemadas con total impunidad. Entre los escombros humeantes, se confirmó la sustracción forzada de cuatro residentes, cuyo paradero sigue siendo un vacío en los expedientes de la fiscalía.
Para el amanecer del miércoles, la estrategia criminal mutó hacia el aislamiento total. En el punto kilométrico conocido como «El Rebaje», en la carretera Aldama-Chihuahua, sujetos armados interceptaron un camión de transporte de personal, bajaron al chofer y lo atravesaron en ambos carriles, incendiando los neumáticos para crear una barrera infranqueable. Esta maniobra no fue azarosa; buscaba frenar el despliegue de los refuerzos que salían desde la Quinta Zona Militar en la capital. Mientras la carretera era un cementerio de vehículos varados, en la cabecera municipal el terror se materializaba en la calle 3ª, donde una sucursal de Oxxo fue reducida a cenizas, forzando un cierre comercial que recordó a las épocas más oscuras del 2010.
Drones y hélices sobre el desierto
La respuesta institucional llegó con el operativo «Tierra-Aire». Un helicóptero Bell 429 de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado comenzó a sobrevolar las brechas que conectan con San Diego de Alcalá, buscando las caravanas de camionetas blindadas que fueron reportadas por ciudadanos. En tierra, más de 200 elementos de la Guardia Nacional y el Ejército Mexicano establecieron puntos de control, enfrentándose a un obstáculo técnico: el uso masivo de «ponchallantas» de fabricación artesanal que inhabilitaron al menos cuatro patrullas de la Policía Estatal. La coordinación federal-estatal se enfocó en recuperar el control de las arterias principales, mientras las células de la Agencia Estatal de Investigación (AEI) iniciaban el levantamiento de casquillos de calibres .223 y 7.62x39mm, evidencia del poder de fuego utilizado.
Aldama hoy es un municipio que respira con dificultad. El impacto no se mide solo en fachadas baleadas o locales quemados, sino en la vida cotidiana suspendida. El sector educativo fue el primero en ceder; la suspensión de clases presenciales afectó a más de 5,000 alumnos que volvieron a la modalidad virtual bajo la consigna de «refugio en casa». La economía local, dependiente del flujo de viajeros hacia el noreste del estado, reporta pérdidas millonarias tras 48 horas de inactividad. Aunque las autoridades aseguran que el control ha sido recuperado, el patrullaje de las fuerzas especiales en las plazas públicas y el sobrevuelo constante de drones de vigilancia recuerdan a los habitantes que la paz en Aldama, por ahora, es una tregua vigilada.
El saldo humano y el rastro de los desaparecidos
Sobre las cuatro personas privadas de la libertad en El Pueblito, la Fiscalía General del Estado (FGE) mantiene un operativo de búsqueda en las brechas que conectan con San Diego de Alcalá. Hasta ahora, no hay rastro de su paradero; sin embargo, se ha confirmado que entre los desaparecidos hay un joven de 22 años y un adulto mayor. En cuanto a los civiles que quedaron atrapados en los bloqueos de «El Rebaje», el reporte médico indica que, afortunadamente, solo se atendieron casos de crisis nerviosas y deshidratación leve entre los pasajeros del camión de transporte, sin que se registraran heridos por arma de fuego durante la toma de la unidad.
El despliegue de las fuerzas especiales ha comenzado a dar resultados tangibles para disminuir la tensión: En patrullajes rurales, elementos de la SSPE y el Ejército localizaron tres camionetas abandonadas (dos con reporte de robo en EE. UU.) que presentaban impactos de bala y manchas hemáticas, lo que sugiere bajas o heridos dentro de los grupos criminales que no fueron reportados oficialmente. El personal de mantenimiento de la carretera, escoltado por la Guardia Nacional, ha retirado ya cientos de ponchallantas artesanales en el tramo Aldama-Chihuahua, aunque se pide extrema precaución al circular por el acotamiento.
Regreso a la «normalidad» bajo vigilancia
Aunque la circulación en la carretera a Ojinaga se ha restablecido de manera intermitente, el toque de queda de facto persiste en las comunidades rurales. Los comercios en la cabecera municipal de Aldama han comenzado a abrir parcialmente, pero bajo la supervisión de células mixtas que patrullan cada 15 minutos el centro histórico. El helicóptero Bell 429 continúa realizando sobrevuelos tácticos, centrando su atención en las rutas de escape hacia el desierto de Coyame, donde se sospecha que se replegaron las células delictivas.



