Ya ni la chifla Gil Loya
El llamado de Gilberto Loya a “no politizar la seguridad” es procaz por decir lo menos, es precandidato a la gubernatura, pintan bardas donde busca su posicionamiento político, vivimos en el segundo estado más violento del país y él es el encargado de la seguridad en la entidad y en lugar de ocuparse de abatir los altos indices de criminalidad, él anda con paliacate y pidiendo que los chihuahuense se aGILicen y luego con ingenuidad, para decirlo con diplomacia, se pronuncia porque no se politiza la seguridad pública, ¡ni como ayudarlo! La seguridad siempre ha sido munición política en México; pretender que ahora será diferente es ignorar que los candidatos de oposición en Juárez y Chihuahua capital ya están calentando el discurso de “entrega al crimen organizado” y que los morenistas locales no tardarán en culpar al gobierno estatal por cada cadáver que aparezca.
Maquillaje estadístico
Loya presume que 44 de 67 municipios no tuvieron homicidios en un mes y que Chihuahua “ya salió” de los rankings de ciudades más violentas. Cifras ciertas, pero incompletas. Juárez sigue teniendo tasas de homicidio por encima de la media nacional, y la violencia se ha desplazado a municipios como Cuauhtémoc, Guadalupe y Calvo o Guachochi, donde el narco disputa rutas del narcotráfico. Decir que “la seguridad la construimos en conjunto” es correcto en el papel, pero en la práctica la Guardia Nacional y el Ejército siguen operando con opacidad, la Fiscalía estatal acumula carpetas sin judicializar y muchas policías municipales continúan infiltradas. El modelo “basado en evidencia” que tanto alaba Loya no publica los datos desglosados de vehículos robados recuperados con violencia, extorsiones ni desapariciones, delitos que no bajan y que afectan más a la ciudadanía que los homicidios de alto impacto.
Percepción vs. realidad cotidiana
Celebrar que la percepción de inseguridad “mejoró 10%” según la ENVIPE es un recurso tramposo: la encuesta mide sentimiento, no hechos. En Juárez la gente ya no denuncia extorsión ni robo a casa habitación porque sabe que no pasa nada; esa desconfianza hace que baje la cifra negra y, paradójicamente, “mejore” la percepción oficial. Mientras el secretario habla de éxitos, los comerciantes del centro histórico siguen pagando cuota, y las mujeres desaparecen en números que la propia Fiscalía se niega a actualizar con transparencia. La paz de los indicadores no es la paz de las calles.
El costo de no confrontar
El gran riesgo de este pacto de no politización es que inhibe la crítica legítima. Si nadie puede cuestionar sin ser acusado de “jugar al fracaso del estado”, entonces la rendición de cuentas se muere. Hoy Loya pide “respetar el trabajo técnico”; mañana, cuando estalle el próximo enfrentamiento entre CJNG y Sinaloa en la Sierra Tarahumara o cuando vuelva a aparecer una fosa clandestina en el Valle de Juárez, el mismo acuerdo servirá para silenciar a quien exija resultados reales y no discursos de unidad. La seguridad mejora cuando se presiona, se fiscaliza y se castiga a los responsables, no cuando se convierte en zona intocable por un acuerdo cupular entre precandidatos. Despolitizarla completamente equivale, en los hechos, a blindar la impunidad.
La marcha que no quisieron ver
El sábado 15 de noviembre de 2025, decenas de miles de personas recorrieron Paseo de la Reforma hacia el Zócalo exigiendo justicia por el asesinato de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan. No era una movilización de partido ni de grupo organizado: eran familias completas, adultos mayores, jóvenes de la Generación Z y ciudadanos comunes que llevaban banderas mexicanas y camisas rosadas o blancas. Durante casi cuatro horas el contingente fue continuo, ordenado y profundamente pacífico; las consignas eran claras y se repetían sin descanso: justicia y rechazo al gobierno de Morena.
El cerco que nadie anunció
Al llegar al Centro Histórico, el ambiente cambió por completo. El operativo policial no facilitaba la concentración, sino que la dificultaba de manera deliberada. Vallas metálicas formaban una “L” que protegía Palacio Nacional y la Catedral, cerraron por completo Madero y Eje Central, y dejaron un solo acceso real por 5 de Mayo. Era, según quien ha diseñado y vivido este tipo de dispositivos, una configuración clásica de contención política: reduce el impacto visual, fragmenta el flujo y genera miedo innecesario.
La violencia puesta en el lugar exacto
En la entrada de 5 de Mayo y luego frente a Palacio Nacional aparecieron grupos de encapuchados que lanzaban piedras, cohetones y bombas molotov. El estruendo de los cohetones hizo creer a muchas familias que eran disparos; niños lloraban y contingentes enteros dieron media vuelta. La mitad de las vallas derribadas fueron las del frente del palacio, no las de la Catedral. El mensaje era evidente: el foco de violencia se colocó donde más dañaba la imagen de la marcha pacífica.
Los policías como carne de cañón
Durante más de cinco horas los elementos antimotines recibieron pedradas, botellas y gas pimienta sin autorización para avanzar. Cuando finalmente los “soltaron”, la reacción fue desproporcionada, pero humana después de tanto tiempo conteniendo la ira. Fueron, en palabras de quien ha estado detrás del escudo, víctimas de una ecuación política que los mantuvo inmóviles mientras los agredían y luego los usó como instrumento de dispersión.
Autocracia pasiva: el nuevo manual
El Zócalo no se llenó porque hubo una operación para evitarlo. Violencia selectiva en los accesos, embudos, humo, ruido intimidante y un diseño de vallas que reducía el espacio útil hicieron que cada nuevo grupo, al llegar, viera caos y decidiera irse. No hubo represión abierta al estilo de otros tiempos; hubo una forma más sofisticada de control que permite la marcha pero la vacía de contenido. A eso Alberto Capella, ex jefe policiaco en Ciudad Juárez, lo llamó “autocracia pasiva”: te dejan manifestarte siempre y cuando no consigas mostrar, con toda su fuerza, que la indignación ciudadana es masiva y real.
Andrea no pide licencia
Una búsqueda exhaustiva en diversas fuentes, permiten afirmar que es falso lo publicado por algunos observadores políticos del estado, que afirman que la senadora Andrea Chávez, pide permiso el próximo mes de diciembre para dedicarse de lleno a su precampaña para ser la candidata de Morena a la gubernatura de Chihuahua. Lo dicho y repetido al respecto no tiene el mínimo fundamento y la juarense no da brinco sin huarache y su grupo político “Tabasco”, todo poderoso en el sexenio anterior, esta pasando por un mal momento.
Álvaro Bustillos con picaporte
El líder de los ganaderos, el juarense Álvaro Bustillo, tuvo audiencia con la gobernadora Maru Campos, en fin de semana largo, las puertas de Palacio estatal se abrieron sólo para que el tuviera una charla con la gobernadora. Bustillos se ha distinguido de sus antecesores por su activismo político, no olvidemos que fue el anfitrión de la reunión en Ciudad Juárez a la que acudieron importantes empresarios y empresarias y los ex gobernadores Fernando Baeza Meléndez, Patricio Martínez y José Reyes Baeza, con el fin último de apuntalar a Marco Bonilla a la gubernatura, pero pasando por tener en Ciudad Juárez, al mejor candidato posible: Sergio Nevárez Rodríguez.

