Roma, Italia. – El padre Francesco Patton, fraile menor y ex Custodio de Tierra Santa, centró las meditaciones del Vía Crucis del Viernes Santo en el Coliseo en una fuerte denuncia del abuso del poder humano y en la respuesta que ofrece el amor de Cristo.
En las reflexiones preparadas para la ceremonia presidida por el papa León XIV, Patton contrapone el poder ejercido por los hombres —que con frecuencia se cree ilimitado y se usa para iniciar guerras, oprimir pueblos o pisotear la dignidad humana— con el verdadero poder de Jesús, que vence el mal precisamente a través del amor y del don de la vida.
“También hoy algunos creen que han recibido una autoridad sin límites y piensan que pueden usarla y abusar de ella a su antojo, decidiendo, por ejemplo, iniciar una guerra”, escribió el franciscano. Sin embargo, recordó que “toda autoridad deberá responder ante Dios por el propio modo de ejercitar el poder recibido”, ya sea para juzgar, educar en la violencia o en la paz, alimentar la venganza o la reconciliación, oprimir con la economía o defender la vida.
La décima estación, en la que Jesús es despojado de sus vestiduras, sirvió para denunciar las múltiples formas contemporáneas de humillación de la dignidad humana: desde regímenes autoritarios que mantienen prisioneros semidesnudos, hasta torturadores que arrancan la piel, violadores, la industria del espectáculo que explota la desnudez y los medios que exponen la intimidad de las personas. Incluso la curiosidad personal que viola el pudor ajeno fue señalada como una forma de despojo.
Patton invitó a revestirse, en cambio, de humildad, compasión y pudor, siguiendo el ejemplo de José de Arimatea y Nicodemo, que dieron sepultura digna a Jesús. Criticó que todavía hoy se retengan o destruyan cadáveres y se obligue a familiares a humillarse para recuperar los restos de sus seres queridos, insistiendo en que “incluso el cuerpo de un criminal merece respeto”.
En la estación XI, donde Jesús es clavado en la cruz, el fraile subrayó que el auténtico poder no consiste en disponer de la vida de los demás causando la muerte, sino en vencer la muerte dando la vida. “El verdadero poder no es el de quien usa la fuerza y la violencia para imponerse, sino el de quien es capaz de cargar sobre sí el mal de la humanidad”, escribió. Cristo reina desde la cruz no con ejércitos, sino con “la aparente impotencia del amor”.
Las caídas de Jesús se convirtieron en llamada a la humildad y a no temer la cruz, mientras que la figura de Simón de Cirene invitó a reconocer a todos los voluntarios y personas de buena voluntad que, creyentes o no, ayudan a llevar la cruz de los que sufren. Las mujeres del camino —Verónica, las hijas de Jerusalén y especialmente María— fueron presentadas como ejemplo de cercanía al dolor ajeno, especialmente en contextos de guerra, trata, migración y pérdida.
El padre Patton concluyó invitando a vivir el Vía Crucis no como un ejercicio devoto abstracto, sino como un compromiso real en el mundo: “Ofreced vuestros cuerpos y llevad a cuestas su santa cruz, y seguid hasta el fin sus santísimos preceptos”, citando a san Francisco de Asís.
La ceremonia, en la que el papa León XIV llevó la cruz por las 14 estaciones desde el Coliseo hasta el Monte Palatino, se convirtió así en una reflexión profunda sobre el poder, la dignidad humana y la fuerza redentora del amor en medio de un mundo marcado por conflictos y abusos.
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