WASHINGTON, D.C. — El vicepresidente JD Vance encabezará este sábado una delegación estadounidense que se reunirá en Islamabad con funcionarios iraníes para intentar salvar un alto el fuego frágil y convertirlo en un acuerdo más duradero, mientras surgen las primeras violaciones y discrepancias sobre sus términos.
La reunión, que también incluirá al enviado especial Steve Witkoff y a Jared Kushner, se produce apenas dos semanas después de que Pakistán mediara un cese temporal de hostilidades que evitó un ataque estadounidense de gran escala contra Irán.
Sin embargo, el acuerdo ya muestra grietas. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, quien representará a Teherán en las conversaciones, afirmó que Israel violó el “marco acordado” al atacar posiciones de Hezbolá en Líbano y denunció que Estados Unidos rechaza el derecho de Irán a enriquecer uranio.
El gobierno de Trump, por su parte, insiste en que el fin del enriquecimiento de uranio es una exigencia “no negociable” y niega que el cese de ataques israelíes contra Hezbolá formara parte del pacto.
Funcionarios estadounidenses también vigilan si Irán cumple su promesa de reabrir el estrecho de Ormuz al tráfico comercial. Hasta el miércoles por la noche, apenas se observaba movimiento significativo en la vía marítima, clave para el suministro global de petróleo.
Expertos consultados advierten que el alto el fuego está lleno de ambigüedades y que las diferencias entre ambas partes —especialmente sobre el programa nuclear iraní y sus reservas de uranio altamente enriquecido— son profundas.
Robert Malley, exenviado especial de Joe Biden para Irán, señaló que las conversaciones parten de “un fundamento muy débil”. Suzanne Maloney, de la Brookings Institution, anticipó un proceso “desordenado e imperfecto”, aunque consideró que ambos bandos tienen incentivos para intentar avanzar en la negociación.
La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, adoptó un tono más optimista y aseguró que Washington recibió una propuesta iraní “más razonable” que las anteriores, la cual servirá de “base viable” para las conversaciones. No obstante, advirtió que las negociaciones se llevarán a cabo a puerta cerrada y pidió no confiar en las declaraciones maximalistas de los medios estatales iraníes.
Analistas destacan que la participación de Vance representa un cambio en el enfoque de la diplomacia trumpiana. A diferencia de Witkoff y Kushner, quienes lideraron rondas previas de conversaciones, Vance ha expresado públicamente sus reservas sobre una eventual guerra con Irán.
Diplomáticos veteranos, como R. Nicholas Burns, criticaron la marginación de expertos de carrera del Departamento de Estado y pidieron incluir negociadores con experiencia en Irán y en cuestiones nucleares.
A pesar de las dificultades, la Casa Blanca mantiene la esperanza de alcanzar al menos acuerdos limitados sobre el estrecho de Ormuz y un posible alivio selectivo de sanciones, aunque un pacto integral parece poco probable en tan corto plazo.
La situación se complica además por la postura de Israel, que podría presionar por retomar las acciones militares, y por las voces críticas dentro del propio Partido Republicano que se oponen a cualquier acuerdo que no desmantelara por completo las capacidades nucleares y regionales de Irán.