Mar-a-Lago, Florida.- El presidente Donald Trump declaró que Estados Unidos e Israel podrían extender su ofensiva militar contra Irán durante cuatro o cinco semanas si fuera necesario, al asegurar que no resultará difícil mantener la intensidad de los ataques a pesar de la posibilidad de más bajas estadounidenses.
En una entrevista telefónica con The New York Times realizada el domingo desde Mar-a-Lago, Trump expuso escenarios contradictorios sobre una posible transición de poder en Teherán tras la muerte del ayatolá Alí Jameneí en un ataque aéreo el sábado. Entre las opciones mencionadas destacó un modelo similar al aplicado en Venezuela, donde solo se removió al líder máximo durante una operación estadounidense, mientras gran parte del gobierno permaneció en funciones pero con disposición a cooperar con Washington.
El mandatario insistió en que el Pentágono dispone de reservas suficientes de municiones y misiles almacenadas en varios países para sostener la campaña. “No será difícil. Tenemos cantidades enormes de munición”, afirmó, sin referirse a las preocupaciones internas sobre el agotamiento de reservas estratégicas ante posibles conflictos en otros escenarios.
Trump señaló contar con “tres opciones muy buenas” para un nuevo liderazgo en Irán sin revelar nombres, y alternó entre visiones: una en la que las fuerzas de élite iraníes entregarían sus armas al pueblo, y otra en la que el pueblo derrocaría al régimen. Reconoció las diferencias con Venezuela por la mayor complejidad militar, nuclear y social de Irán.
Admitió la expectativa de más bajas estadounidenses —“tres son demasiadas para mí” y podrían ser más altas según proyecciones del Pentágono— tras las primeras registradas en el conflicto. Afirmó que los ataques ya han destruido gran parte de la armada iraní, incluyendo nueve barcos y su cuartel general, y debilitado significativamente al país.
Se mostró abierto a levantar sanciones si surge un liderazgo pragmático en Teherán, pero evitó comprometerse con apoyo directo al pueblo iraní para derrocar al gobierno actual, al considerar que “es muy pronto” y que “tenemos trabajo que hacer”.
La conversación, de unos seis minutos, reflejó la incertidumbre en la administración sobre el desarrollo del conflicto tanto en el terreno como en la formación de un gobierno sustituto, apenas 36 horas después del inicio de las hostilidades. Trump regresó a Washington esa misma tarde.
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