Washington, D.C.- La líder opositora venezolana María Corina Machado fue recibida en la Casa Blanca por el presidente Donald Trump y el secretario de Estado Marco Rubio, en un desayuno privado que duró casi dos horas, días después de anunciar su intención de regresar a Venezuela.
El encuentro, solicitado por Machado para exponer sus planes, se llevó a cabo en un comedor junto al Despacho Oval. Sin embargo, Trump le recomendó no volver al país por ahora debido a las condiciones de inseguridad, según fuentes familiarizadas con la conversación que pidieron anonimato.
Esta advertencia coincide con mensajes similares transmitidos por otros funcionarios estadounidenses en semanas recientes. La Casa Blanca confirmó la reunión, pero declinó comentar detalles. Machado no hizo declaraciones al respecto.
El consejo presidencial resalta las prioridades divergentes entre Washington y la principal figura de la oposición venezolana tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses en enero. Maduro y su esposa Cilia Flores aguardan juicio en Nueva York por cargos relacionados con narcotráfico.
Desde entonces, la administración Trump ha priorizado la estabilidad y los acuerdos energéticos, respaldando a la presidenta interina Delcy Rodríguez —exvicepresidenta de Maduro— como interlocutora clave. El Departamento de Estado reconoció formalmente su gobierno, y Trump ha elogiado públicamente su gestión, destacando el flujo de petróleo hacia Estados Unidos.
Este enfoque pragmático ha generado tensiones con Machado, quien desde el exilio ve erosionarse su influencia política en un momento decisivo. La líder opositora, ganadora del Premio Nobel de la Paz por su lucha contra el autoritarismo, derrotó a Maduro en las elecciones de 2024 según encuestas independientes, pero los resultados oficiales fueron declarados fraudulentos, lo que desató represión y su salida clandestina del país para recibir el galardón en Noruega.
Aunque Machado ha buscado acercarse a Trump —incluida la entrega de su medalla Nobel en una reunión previa en enero—, los esfuerzos han tenido resultados limitados. Funcionarios estadounidenses han expresado frustración por las evaluaciones de su equipo sobre las divisiones internas en Venezuela y su rechazo a negociar con sectores del chavismo.
Trump ha cultivado apoyo entre la diáspora venezolana en Florida, donde elogió a Machado en eventos recientes, pero también ha impulsado figuras opositoras más moderadas, como el excarcelado Enrique Márquez, invitado al discurso sobre el Estado de la Unión en lugar de ella.
Machado anunció el 1 de marzo su plan de regresar pronto para liderar una «nueva victoria electoral», posiblemente en 2026 o 2027, aunque discusiones entre Rubio y el gobierno de Rodríguez apuntan a un calendario más extendido, con elecciones no antes de la segunda mitad de 2027.
Tras la reunión en Washington, Machado viajó a Chile para asistir a la investidura del presidente José Antonio Kast. Desde allí reafirmó su intención de volver a Venezuela en el marco de un «gran acuerdo nacional» y coordinado con aliados, sin precisar fecha, y calificó al gobierno de Trump como un «aliado fundamental» pese al reconocimiento a Rodríguez.
La postura de la Casa Blanca refleja un equilibrio entre estabilidad inmediata y una eventual transición democrática, mientras Machado insiste en su rol como figura de cambio radical.