1.- La presencia del diputado federal chiapaneco Guillermo Santiago Rodríguez en la marcha convocada por Morena en Chihuahua contra la gobernadora panista Maru Campos representa un claro ejemplo de la estrategia de proyección nacional que el partido guinda ha adoptado para intervenir en entidades opositoras. Como representante de Morena ante el INE y legislador por Tuxtla Gutiérrez, Santiago viajó desde el sureste mexicano para sumarse a las demandas de juicio político contra Campos, acusándola de presunta traición a la patria por presuntos vínculos con agentes de la CIA en operativos en la Sierra Tarahumara. Esta participación de un actor externo al estado no solo subraya la centralización de las decisiones en Morena, sino que también evidencia cómo el partido utiliza figuras nacionales para dar peso mediático a protestas locales, incluso en un contexto donde la gobernadora mantiene altos niveles de aprobación en Chihuahua según diversas encuestas locales.
2.- Un momento simbólico y polémico del evento ocurrió cuando al diputado Santiago lo invitaron a subir al templete principal junto a dirigentes nacionales como Ariadna Montiel y Andrés López Beltrán, mientras dejaban abajo al profesor Martín Chaparro, fundador de Morena en Chihuahua y su primer presidente estatal. Esta decisión protocolaria generó malestar visible entre militantes históricos y la corriente interna “Los de Abajo Organizados”, quienes denunciaron exclusión deliberada. Chaparro, quien recientemente había levantado la mano como precandidato a la gubernatura, representa el rostro de la militancia orgánica y de base en el estado, por lo que su relegamiento al piso ilustra las tensiones internas entre los fundadores locales y la dirigencia nacional que prioriza lealtades y perfiles afines al establishment actual del partido.
3.- Este incidente revela las fisuras en la supuesta horizontalidad morenista. Mientras el partido promueve narrativas de inclusión y defensa de la soberanía, en la práctica impone jerarquías que marginan a quienes construyeron la estructura en territorios difíciles como Chihuahua, donde Morena ha enfrentado desafíos para consolidarse frente al panismo arraigado. La elevación de Santiago, un diputado con trayectoria controvertida en Chiapas y conocido por posturas volátiles, sobre figuras locales como Chaparro, puede interpretarse como un mensaje de control centralizado: las voces que importan son las alineadas con la cúpula, no necesariamente las que tienen arraigo territorial o legitimidad histórica. Esto arriesga generar resentimientos que podrían fracturar la unidad de cara a futuros procesos electorales.
4.- En el panorama político más amplio, la marcha en Chihuahua y el protagonismo otorgado a externos como Guillermo Santiago forman parte de una ofensiva nacional de Morena para desgastar a gobernadores de oposición, utilizando temas sensibles como la soberanía y la seguridad. Sin embargo, reportes de acarreo, manifestantes que desconocían los motivos exactos y promesas de apoyo logístico ponen en duda la espontaneidad del movimiento. El contraste entre la visibilidad de Santiago y la invisibilización de Chaparro no solo erosiona la moral de la militancia chihuahuense, sino que proyecta una imagen de Morena como un partido cada vez más vertical y menos dialogante con sus bases, lo que podría tener costos en un estado clave donde la alternancia y las identidades locales siguen pesando fuertemente en el electorado.



