1.- El Congreso de Chihuahua ratificó por unanimidad (31-0) a Héctor Acosta Félix como Auditor Superior del Estado, incluyendo los votos de Morena, el mismo partido que llevó a Corral al Senado. Es un mensaje brutal: el exgobernador ya no pesa ni en su propia casa. El hombre que en 2018 designó a Acosta Félix ahora lo acusa de proteger a César Duarte y solapar a Maru Campos, pero nadie le hizo caso. Ni el PRIAN que tanto combatió ni la bancada guinda que lo toleró como “independiente” le siguieron el juego. Corral quedó políticamente solo, expulsado del PAN, nunca afiliado a Morena y ahora rechazado hasta por el auditor que él mismo puso.
2.- Lejos de callar, el auditor respondió con documentos y memoria histórica. Recordó que fue la ASE la que presentó la denuncia penal contra la última cuenta pública de Duarte, denuncia que la Fiscalía de Corral dejó dormir un año hasta pedirle que “borrara el sello de recibido” para reactivarla. Reveló que una de sus primeras decisiones fue sacar de la Fiscalía a Mónica Vargas —que despachaba ahí en vez de en la ASE— y removerla, decisión que Corral le reclamó personalmente. Y remató con la lista negra: exsecretarios de Hacienda, Salud, titulares del Deporte, del fideicomiso de niños víctimas del narco y otros funcionarios corralistas hoy sancionados, confesos o prófugos gracias a auditorías hechas bajo su mando. El supuesto cruzado anticorrupción terminó con más excolaboradores procesados que cualquier gobernador reciente.
3.- El coordinador de Morena, Cuauhtémoc Estrada, fue tajante: la ratificación no fue capricho ni negociación oscura, sino una decisión responsable por el bienestar de los chihuahuenses y porque Acosta Félix ya demostró capacidad técnica en su periodo anterior. Al recordarle a Corral que él mismo decidió nunca afiliarse al partido y que la bancada responde al movimiento y al pueblo, no a un senador “sin partido”, Estrada marcó el fin definitivo de cualquier influencia del exgobernador. Morena prefirió estabilidad institucional antes que sumarse a una venganza personal.
4.- La ratificación consolida un raro momento de madurez institucional en Chihuahua: PRIAN y Morena coinciden en mantener un auditor autónomo que revise sin distinción a Duarte, a Corral y a la administración actual de Maru Campos. Javier Corral, en cambio, queda como el gran perdedor de la historia: llegó con el discurso de la nueva ética, persiguió selectivamente la corrupción, cuidó a los suyos y hoy ve cómo el funcionario que él designó termina de enterrar su legado con expedientes y sentencias. El “gran huevón” que jugaba golf en horas laborales mientras el estado ardía ahora solo puede tuitear su impotencia desde un escaño que nadie le reconoce como propio. En Chihuahua, el capítulo Corral se cerró con votación unánime.



