1.- Keiko Fujimori no llegó a la Presidencia del Perú de manera repentina, sino después de más de dos décadas de actividad política y cuatro campañas presidenciales. Hija del expresidente Alberto Fujimori, comenzó a ocupar un lugar central en la política peruana desde muy joven: en 1994, con apenas 19 años, asumió como primera dama después de la separación política de sus padres y acompañó a su padre durante la etapa más controvertida de su gobierno. Posteriormente fue elegida congresista para el periodo 2006-2011 y, desde esa posición, comenzó a construir una estructura política propia que terminaría convirtiéndose en Fuerza Popular. Su primera candidatura presidencial llegó en 2011, cuando pasó a la segunda vuelta y obtuvo 48.55% de los votos frente a Ollanta Humala, quien finalmente ganó la elección. Cinco años después volvió a competir, esta vez con una fuerza parlamentaria mucho mayor: en 2016 ganó la primera vuelta con 39.86%, pero perdió el balotaje ante Pedro Pablo Kuczynski por una diferencia de apenas 41 mil votos.
2.- La derrota de 2016 no significó el retiro de Fujimori, sino el inicio de una etapa de enorme influencia política desde el Congreso. Fuerza Popular consiguió una amplia mayoría parlamentaria y se convirtió en un actor determinante frente al gobierno de Kuczynski, en medio de una creciente confrontación entre Ejecutivo y Legislativo que desembocó en una de las etapas de mayor inestabilidad institucional del Perú. En 2021, Fujimori intentó por tercera ocasión llegar a Palacio de Gobierno. En la primera vuelta obtuvo alrededor de 13.4% y pasó a la segunda ronda frente a Pedro Castillo, en una elección profundamente polarizada entre el fujimorismo y una izquierda que prometía transformar el modelo político y económico. Fujimori volvió a perder por un margen extremadamente estrecho: Castillo terminó imponiéndose por poco más de 44 mil votos. La candidata cuestionó inicialmente el resultado, denunció presuntas irregularidades y solicitó la revisión de actas, aunque las autoridades electorales terminaron proclamando a Castillo.
3.- El cuarto intento fue el que finalmente rompió la resistencia electoral que había acompañado a Fujimori durante quince años. En las elecciones de 2026, la dirigente de Fuerza Popular volvió a presentarse en un escenario político completamente distinto: Alberto Fujimori había muerto en 2024, el fujimorismo había dejado de ser solamente la herencia política de un expresidente y Keiko se presentó como una dirigente con trayectoria propia. El 7 de junio de 2026 derrotó en segunda vuelta a Roberto Sánchez por un margen igualmente estrecho: 50.13% frente a 49.86%, una diferencia de 49,641 votos con la totalidad de las actas contabilizadas. Su triunfo puso fin a tres derrotas consecutivas y convirtió a la hija de Alberto Fujimori en la primera mujer identificada directamente con el fujimorismo en alcanzar la Presidencia del Perú. El resultado también confirmó la profunda división electoral del país y la capacidad de Fujimori para mantener, durante más de una década, un núcleo político capaz de llevarla nuevamente a una segunda vuelta.
4.- Ya instalada en el poder, una de las primeras señales de política exterior de Fujimori fue particularmente relevante para México. Durante la campaña y después de ser electa, la nueva presidenta manifestó abiertamente su disposición a reconstruir la relación bilateral, deteriorada desde la crisis provocada por la caída de Pedro Castillo. El gobierno mexicano había mantenido una posición crítica frente a la destitución de Castillo y otorgó protección diplomática a su entorno, mientras que la decisión de México de conceder asilo a la ex primera ministra Betssy Chávez terminó agravando el conflicto hasta la ruptura de relaciones diplomáticas a finales de 2025. El 9 de julio, Fujimori declaró que de su parte existía “toda la intención” de retomar las relaciones con México; al día siguiente, Claudia Sheinbaum respondió que México también tenía disposición para recuperar los vínculos. La voluntad política terminó convirtiéndose en hechos: el 7 de agosto ambos países anunciaron oficialmente el restablecimiento de sus relaciones diplomáticas, después de casi cuatro años de tensiones. El episodio revela un cambio significativo en la política exterior peruana: Fujimori busca recomponer una relación histórica con México sin renunciar al giro conservador de su gobierno ni a su intención de fortalecer los vínculos estratégicos con Estados Unidos.



