Minneapolis, Minnesota. – Un nuevo enfrentamiento entre manifestantes y fuerzas del orden marcó la noche del miércoles en Minneapolis, tras el disparo que un agente federal realizó contra un ciudadano venezolano durante un operativo de inmigración, apenas una semana después de la muerte de Renee Good a manos de otro agente de ICE.
El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) informó que el incidente ocurrió alrededor de las 18:50 horas, durante una “parada de tráfico selectiva”. Según la versión oficial, el hombre –quien se encuentra en el país sin autorización migratoria– huyó en su vehículo, chocó contra un auto estacionado y continuó la fuga a pie. Al ser alcanzado, presuntamente se resistió y agredió “violentamente” al agente, lo que derivó en una pelea en la que dos personas más salieron de un apartamento cercano y atacaron al funcionario con una pala de nieve y un palo de escoba.
Ante la situación, el agente disparó “tiros defensivos” que alcanzaron en la pierna al sospechoso principal. Los tres individuos se refugiaron en el edificio de apartamentos, donde fueron desalojados posteriormente por agentes federales. El herido fue trasladado a un hospital cercano con lesiones no mortales; el agente también requirió atención médica. Los otros dos participantes quedaron bajo custodia.
En las horas siguientes, cientos de personas se concentraron cerca del edificio federal Bishop Henry Whipple. Las protestas escalaron rápidamente: las autoridades desplegaron gas lacrimógeno, bolas de pimienta y lo que parecieron granadas aturdidoras. El jefe de policía de Minneapolis, Brian O’Hara, calificó la manifestación como “asamblea ilegal” y pidió a los presentes retirarse de inmediato.
El alcalde Jacob Frey, en conferencia de prensa, defendió el derecho a la protesta pacífica pero condenó las acciones violentas: “A quienes están picando el anzuelo, no están ayudando ni a los inmigrantes indocumentados ni a nuestra comunidad”. Frey reiteró su exigencia de que ICE abandone la ciudad y calificó la situación como “insostenible”, señalando un conflicto abierto entre autoridades locales y federales.
El gobernador Tim Walz, por su parte, llamó a la calma a través de redes sociales y acusó al gobierno federal de buscar “violencia callejera”. En respuesta, el subsecretario de Justicia adjunto Todd Blanche calificó lo ocurrido como “insurrección” y prometió “detener el terrorismo por todos los medios”.
La escena quedó marcada por vehículos vandalizados con mensajes contra ICE, humo persistente de gases lacrimógenos y una fuerte presencia policial mixta (federal, municipal y estatal). La Oficina de Aprehensión Criminal de Minnesota (BCA) procesa la evidencia del caso.
La ciudad, aún conmocionada por el tiroteo fatal de la semana pasada, enfrenta una vez más el desafío de equilibrar el reclamo de justicia con el control del desorden público en medio de crecientes tensiones migratorias.