Guadalajara, Jalisco.- La mañana del 23 de febrero de 2026, Guadalajara amaneció bajo una calma tensa tras la tormenta de violencia desatada por el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en represalia por la muerte de su líder, Nemesio Oseguera Cervantes, alias «El Mencho».
El capo, uno de los narcotraficantes más buscados del mundo, fue abatido el domingo 22 de febrero durante un operativo militar en Tapalpa, Jalisco. Herido de gravedad en un enfrentamiento con fuerzas especiales del Ejército y la Guardia Nacional, falleció mientras era trasladado en helicóptero hacia la Ciudad de México. La operación contó con información «decisiva» de inteligencia proporcionada por Estados Unidos, incluyendo datos de la CIA que ayudaron a ubicar su guarida mediante el seguimiento de su círculo cercano, como una pareja sentimental.
La respuesta del cártel fue inmediata y brutal: decenas de vehículos incendiados, bloqueos en carreteras principales, ataques a gasolineras y comercios, y enfrentamientos armados que paralizaron gran parte de Jalisco y afectaron a más de una docena de estados. En Guadalajara, la capital del estado y bastión histórico del grupo criminal, las calles quedaron desiertas, con gasolineras cerradas, escuelas suspendidas, mercados vacíos y avenidas convertidas en cementerios de autos quemados. Más de mil turistas quedaron varados en el zoológico de la ciudad, donde pasaron la noche resguardados en autobuses custodiados por soldados.
Testigos relataron escenas de pánico: hombres armados rociando combustible sobre vehículos, disparos al aire y rumores de incursiones de pistoleros. En el centro, un autobús calcinado yacía en una autopista cerca del aeropuerto, mientras que en otros puntos se reportaron comercios incendiados y vidrios baleados en comisarías.
A pesar del caos, que dejó al menos 62 muertos —incluidos 25 agentes de la Guardia Nacional, funcionarios y presuntos delincuentes—, las autoridades reportaron una gradual restauración del orden el lunes. El gobernador de Jalisco anunció el regreso a la normalidad en la mayor parte del estado a partir del miércoles, con reapertura de actividades económicas y clases presenciales. Sin embargo, el miedo persistía entre los habitantes, muchos de los cuales dudan que la muerte de «El Mencho» desmantele al CJNG, una organización con vasta red internacional, recursos millonarios y presencia en la mayoría de los estados mexicanos.
Residentes como Edgar Martínez, vendedor ambulante que presenció un incendio y huyó de balazos, o María Emilia López, quien se refugió en un mercado con familias aterrorizadas, expresaron incredulidad y frustración: «¿Por qué nos hacen esto si somos compatriotas?». Otros, como la enfermera Sandra Aguilar, señalaron que el problema trasciende México por la demanda de drogas en Estados Unidos, mientras que Guadalupe Rodríguez, maestro jubilado, criticó la tardanza del gobierno en actuar contra un cártel que creció como «mala hierba» bajo acuerdos corruptos.
En Tapalpa, donde ocurrió el operativo, la localidad montañosa permanecía aislada por bloqueos, con residentes atrapados y temerosos de represalias contra civiles. Expertos advierten que la ausencia del líder podría generar luchas internas por el control, lo que podría derivar en más violencia en lugar de debilitar al grupo.
Aunque el gobierno celebró el golpe como una victoria estratégica, la jornada dejó claro que eliminar a un capo no acaba con el crimen organizado arraigado en el territorio. La vida en Guadalajara comenzó a reactivarse lentamente al atardecer, pero la inquietud permanecía: la calma podía ser solo el preludio de otra ofensiva.