Ciudad de México.- Claudia Sheinbaum no mencionó una sola vez por su nombre a Andrés Manuel López Obrador durante el Segundo Informe de Gobierno que presentó ayer en Palacio Nacional. La omisión adquiere mayor significado porque no se trata de una práctica habitual en sus informes anteriores: en ellos, la presidenta sí había hecho referencia al expresidente, al menos un par de veces, y se había referido a él expresamente como “el presidente Andrés Manuel López Obrador”.
El dato cambia la lectura del discurso de ayer. Sheinbaum habló ampliamente de la transformación, de los principios que sostienen a su gobierno y de la continuidad del proyecto político que llevó a Morena a la Presidencia, pero evitó colocar en su discurso el nombre de quien durante seis años encabezó ese proyecto desde Palacio Nacional.
No fue una omisión menor dentro de un discurso improvisado. Un informe presidencial es un mensaje cuidadosamente elaborado, en el que cada referencia y cada ausencia forman parte de una narrativa política. Por eso resulta inevitable observar que, mientras en sus informes anteriores López Obrador aparecía mencionado de manera explícita, ayer desapareció del discurso presidencial.
Y aquí está la parte más interesante: Sheinbaum no renunció a hablar de la transformación ni de la continuidad del movimiento. Lo hizo, pero sin mencionar al fundador de Morena por su nombre. La presidenta parece colocar cada vez más el acento en su propia etapa de gobierno, en sus resultados y en una identidad política propia.
El contraste resulta todavía más llamativo si se considera que apenas dos días antes, durante la instalación de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, Rosa Icela Rodríguez habló con entusiasmo de López Obrador y lo reconoció como líder moral. Pero esa referencia, aunque significativa, ocupa un lugar secundario frente a lo ocurrido ayer: fue la propia presidenta de México quien decidió no mencionar a su antecesor en el discurso político más importante de su agenda pública.
No se puede concluir, solamente por esta omisión, que exista una ruptura entre Sheinbaum y López Obrador. Sería ir demasiado lejos. Pero tampoco parece razonable despachar el asunto como un simple detalle de redacción. Cuando alguien que había mencionado reiteradamente a su antecesor deja de hacerlo precisamente en un informe presidencial, el cambio merece atención.
Además, ocurre en un momento en que Morena enfrenta disputas internas cada vez más visibles. Las pugnas por las candidaturas de 2027, las diferencias entre grupos y el reacomodo de las distintas corrientes del movimiento han puesto nuevamente sobre la mesa una pregunta que parecía resuelta con la llegada de Sheinbaum a la Presidencia: hasta dónde llega la continuidad del obradorismo y dónde comienza el proyecto político propio de la presidenta.
Ayer, Sheinbaum habló de la transformación, pero no dijo “Andrés Manuel López Obrador”.
En sus informes anteriores sí lo había hecho. Incluso utilizaba una fórmula inequívoca: “el presidente Andrés Manuel López Obrador”.
Esta vez, ni siquiera eso.
Y en política, cuando una referencia que antes era obligada desaparece de un discurso cuidadosamente construido, el silencio puede terminar siendo una noticia en sí mismo.



