SIDNEY, Australia.— El fútbol femenino vive una revolución: la brecha entre potencias tradicionales y equipos emergentes se reduce rápidamente, como demostró la Copa Mundial Femenina, donde sorpresas históricas sacudieron la fase de grupos.
Por primera vez, la dos veces campeona Alemania quedó eliminada en la ronda inicial, junto a Brasil —campeona de la Copa América— y Canadá, medallista olímpica de oro. En contraste, Marruecos, Sudáfrica y Jamaica avanzaron a octavos de final, escribiendo páginas gloriosas en sus debuts o participaciones limitadas.
“Si soy sincera, me sorprende”, confesó Jill Ellis, entrenadora que llevó a Estados Unidos a los títulos de 2015 y 2019. “Nadie podría haber previsto que Alemania o Brasil cayeran tan pronto”.
Estados Unidos, bicampeón defensor, y Francia también sufrieron para clasificar, evidenciando vulnerabilidad en las favoritas.
The Associated Press analiza los factores detrás de este cierre de brecha:Audacia: Los equipos menores ya no se intimidan. Jamaica empató 0-0 con Francia y repitió ante Brasil para eliminarla. “Las naciones menores dicen: ‘Nosotras también podemos’”, afirmó Lorne Donaldson, DT de Jamaica. Sudáfrica, por su parte, venció a Italia con gol al minuto 92.
Estrategia: Mayor organización táctica. Jamaica no encajó goles en fase de grupos. “Es difícil romper equipos tan disciplinados”, admitió Ellis. Haití complicó a Inglaterra con contraataques veloces.
Crecimiento: La FIFA invirtió 1,000 millones de dólares en 168 programas de desarrollo. “Mejoramos ligas y competencias diarias”, explicó Sarai Bareman, jefa de fútbol femenino de FIFA. Ellis agregó: “El fútbol se globaliza; es el deporte de las mujeres en el mundo”.
Estancamiento: Algunas potencias no evolucionan. Veteranas como Christine Sinclair (Canadá, 40 años), Marta (Brasil, 37) y Megan Rapinoe (EE.UU., 38) no brillaron, mientras Alex Morgan luchó por forma.
Este Mundial marca un punto de inflexión: el fútbol femenino es más competitivo y global que nunca.