Poza Rica, Veracruz.- En las calles anegadas de Poza Rica, Veracruz, el eco de la desesperación resuena con fuerza. Hace tres días, las lluvias torrenciales desbordaron ríos y vidas, dejando a miles de habitantes sumidos en la incertidumbre y el lodo. Este 13 de octubre de 2025, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, subida en un vehículo militar, enfrentó el clamor de un pueblo herido que exige respuestas. Entre gritos y reproches, la mandataria intentó apaciguar las voces, pero el agua aún pesa más que las promesas.
El encuentro, capturado en un video difundido por La Silla Rota, mostró a una mandataria visiblemente asediada por los reclamos. Desde el corazón de la tragedia, un joven alzó la voz, su tono cargado de frustración: “Ya son tres días y no aparecen”. Su queja no era solo suya; representaba el sentir de una comunidad que, según sus palabras, se vio obligada a asumir labores de rescate y búsqueda ante la ausencia de autoridades.
“Escucha, escucha”, imploraba Sheinbaum, intentando calmar al joven, quien no cedió. Habló de sus compañeros de la Universidad Veracruzana, atrapados en las instalaciones inundadas, sin salida, sin ayuda. “Son mis compañeros, no pudieron salir”, insistió, mientras la presidenta respondía: “Sí, compañero, pero son tres días donde estaba totalmente inundado”. La réplica no apaciguó el enojo; al contrario, avivó el reclamo colectivo. Entre la multitud, una voz anónima gritó: “¡Aquí no queremos a la gobernadora!”, en alusión a Rocío Nahle, cuya presencia también fue cuestionada.
La promesa entre el lodo
Resguardada por elementos del Ejército, Sheinbaum tomó un micrófono, pero los gritos de los damnificados ahogaron su voz. Desistió del artefacto y, con un tono que buscaba ser firme pero conciliador, aseguró: “A todos se les va a atender y no se va a ocultar nada”. Sus palabras, sin embargo, se diluían en la desconfianza de quienes llevan días enfrentando la tragedia solos.
Más tarde, en un intento por reconectar con la ciudadanía, la presidenta compartió un video en sus redes sociales. En él, se le ve dialogando a pie de calle con los afectados, bajo un cielo que aún amenaza lluvia. “Lo primero es ayudarles a la limpieza, ¿verdad?, y todo lo que tiene que ver con alimentación, agua potable, para que ustedes puedan pasar la emergencia”, prometió. A su lado, el secretario de la Defensa, el de Marina y la gobernadora Nahle, figuras que intentan proyectar unidad ante la crisis.
El peso de la tragedia
Las inundaciones en Veracruz no son un hecho aislado. El desbordamiento del río Cazones ha dejado un saldo devastador:
- Miles de damnificados, con hogares destruidos y pertenencias perdidas.
- Seis muertos confirmados en Veracruz, según reportes oficiales.
- Saqueos reportados, un reflejo del caos y la desesperación que se apoderan de las zonas afectadas.
El panorama se agrava al considerar que no es solo Veracruz quien sufre. En Puebla, Hidalgo, Querétaro y Veracruz, las inundaciones han cobrado 44 vidas, según datos recientes. La magnitud de la tragedia exige respuestas rápidas, pero en Poza Rica, la espera de tres días sin autoridades presentes ha calado hondo en la memoria colectiva.
Un pueblo que no olvida
En Poza Rica, el agua comienza a ceder, pero la indignación permanece. Las promesas de limpieza, agua potable y alimentos son un primer paso, pero los habitantes exigen más: presencia, acción, transparencia. El joven que enfrentó a la presidenta, los estudiantes atrapados, las voces que claman contra la gobernadora, todos son ecos de un pueblo que no está dispuesto a olvidar. Bajo el lodo, late la esperanza de ser escuchados, de que las promesas no se diluyan como las lluvias que los dejaron en el abandono.
Sheinbaum, en su vehículo militar, dejó una certeza: “No vamos a ocultar nada”. Pero en las calles de Poza Rica, donde el agua aún murmura su furia, el tiempo dirá si esas palabras se convierten en hechos o se pierden en la corriente.



