TEQUILA, JALISCO.— La administración de Diego Rivera Navarro, exalcalde de Tequila, cerró su ciclo envuelta en una controversia que trascendió la gestión pública para instalarse en el terreno de los bienes personales: el uso de un reloj de alta gama cuyo valor supera los ingresos promedio de un servidor municipal.
Durante diversos actos públicos y fotografías oficiales, Rivera Navarro fue captado portando una pieza de la exclusiva manufactura suiza Audemars Piguet, específicamente un modelo de la colección Royal Oak. Según especialistas en alta relojería, el valor de este ejemplar en el mercado de reventa y lujo puede oscilar entre los 40,000 y 60,000 dólares, lo que equivale a más de un millón de pesos mexicanos, dependiendo de la referencia exacta y los materiales.
El avistamiento del accesorio generó una ola de críticas en redes sociales y sectores políticos locales. La principal molestia radica en el contraste ético: mientras el municipio de Tequila enfrenta retos históricos en infraestructura, servicios básicos y seguridad, el titular del Ejecutivo lucía un artículo equivalente al presupuesto de diversas obras públicas menores o a varios años de su sueldo neto declarado.
A pesar de los cuestionamientos sobre el origen de la pieza —si fue una adquisición personal previa, un regalo o un gasto realizado durante su mandato—, el exalcalde mantuvo una postura hermética respecto al tema. Este fenómeno se suma a la tendencia de vigilancia digital donde ciudadanos fiscalizan el estilo de vida de los políticos.
El caso de Rivera Navarro queda como un recordatorio de la estricta lupa social que hoy pesa sobre la transparencia y la austeridad, en un estado donde el lujo ostentoso en el servicio público es cada vez menos tolerado por la opinión pública.