Caracas, Venezuela.– El bombardeo estadounidense sobre Caracas en la madrugada del sábado, que culminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, ha reavivado el debate sobre los motivos reales de Washington: más allá de las acusaciones de narcotráfico, terrorismo y fraude electoral, el apetito por los inmensos recursos naturales de Venezuela parece ser el eje central del conflicto.
El presidente Donald Trump anunció que Maduro fue «capturado y expulsado del país» durante una operación militar a gran escala, y declaró que Estados Unidos administrará temporalmente Venezuela para una «transición segura». En declaraciones posteriores, Trump enfatizó que empresas petroleras estadounidenses invertirán miles de millones para rehabilitar la infraestructura energética, recordando la nacionalización de 2007 bajo Hugo Chávez, cuando ExxonMobil perdió activos en la Faja del Orinoco. «Se llevaron nuestro petróleo y lo queremos de vuelta», ha repetido Trump, refiriéndose a aquella disputa que llevó a arbitrajes internacionales.
Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo –más de 300,000 millones de barriles–, junto a vastos yacimientos de gas, oro, coltán y tierras raras, esenciales para tecnologías modernas como baterías eléctricas y defensa. La Faja Petrolífera del Orinoco y la Faja Minera del Orinoco, decretada en 2016, concentran estos tesoros, pero el embargo estadounidense de la última década ha profundizado la paradoja: un país rico en recursos, pero económicamente devastado.
El Gobierno venezolano, a través de un comunicado, denunció la agresión como un intento de «apoderarse de los recursos estratégicos, especialmente petróleo y minerales». Mientras, la vicepresidenta interina Delcy Rodríguez exigió pruebas de vida de Maduro.
La intervención, la más audaz en América Latina desde Panamá en 1989, genera condenas internacionales por violar la soberanía, aunque aliados como Argentina celebran el fin del chavismo. El futuro de estos recursos –y del país– queda ahora en manos de Washington, en un contexto de guerras comerciales globales por minerales críticos dominados por China.
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