PACHUCA, México. — Mientras México se prepara para coorganizar la Copa del Mundo 2026 junto a Estados Unidos y Canadá, el origen del fútbol en el país remonta a un pequeño pueblo minero de montaña donde inmigrantes británicos y locales sembraron la pasión por el balón a finales del siglo XIX.En Mineral del Monte, antes Real del Monte, a unos 100 kilómetros al noreste de Ciudad de México, mineros cornubianos que trabajaban en las minas de plata comenzaron a jugar fútbol durante sus ratos libres. Pronto involucraron a los mexicanos, que al principio observaban con curiosidad el nuevo deporte.
“Cuando llegaron los mineros empezaron a jugar entre ellos y después hicieron partícipes a los mexicanos. Así comenzó la fiebre del fútbol en Real del Monte”, explicó Brasil Ordaz, historiador del Salón de la Fama del Fútbol en Pachuca.Los primeros partidos se disputaban cerca de la Mina Dolores, sitio hoy marcado por una placa metálica que identifica el lugar como la cuna del fútbol mexicano. A 2,700 metros de altitud, el poblado presume con orgullo: “El fútbol en México nació en un lugar cercano al cielo”.
En 1892, técnicos, ingenieros y mineros británicos fundaron el Pachuca Football Club, primer equipo organizado del país. En 1895 se integró al Pachuca Athletic Club. Aunque el club original desapareció en 1922, renació en 1950 ya con jugadores mexicanos y se convirtió en referente del balompié nacional.
Desde 1998, Pachuca vive su época más exitosa: siete títulos de liga, una Copa Sudamericana y participación en la final de la Intercontinental 2024 ante el Real Madrid.Además del fútbol, los cornubianos legaron la tradicional empanada (Cornish pasty), que los mexicanos adaptaron con rellenos locales como mole, chiles jalapeños o cajeta. Redruth, en Cornualles, y Mineral del Monte mantienen hermanamiento y celebran festivales gastronómicos conjuntos.
Así, en vísperas del Mundial, México recuerda que su amor por el fútbol no solo se vive en las canchas de Guadalajara, Monterrey y Ciudad de México, sino que nació hace más de 130 años en un polvoriento campo de una remota mina de plata.