Washington, D.C.- El gobierno de Estados Unidos, encabezado por el presidente Donald Trump, emitió una orden ejecutiva para evaluar en un plazo máximo de noventa días si tanto el lobo gris como el lobo gris mexicano han cumplido con los criterios de recuperación establecidos en la Ley de Especies en Peligro de Extinción, con el propósito de retirarles el estatus de protección federal y facilitar su control letal en favor del sector ganadero.
De acuerdo con el comunicado emitido por la Casa Blanca, la direct Sva instruye al secretario del Interior, Doug Burgum, para que determine si las poblaciones de estos cánidos satisfacen las metas de conservación. Una vez realizada dicha evaluación, la administración estadounidense se coordinará con los gobiernos estatales para exhortarlos a eliminar a estas especies de sus listados locales de protección y a flexibilizar los estándares normativos vigentes.
La iniciativa contempla además una revisión exhaustiva de las disposiciones legales que regulan la matanza de ejemplares ante situaciones de riesgo, abriendo la puerta a una mayor capacidad de respuesta operativa para autorizar la eliminación de lobos grises y lobos mexicanos cuando se detecten amenazas directas contra la seguridad humana o afectaciones al ganado doméstico por depredación.
Contexto de la medida y repercusiones regionales
La decisión reabre el debate histórico en torno al equilibrio entre la conservación de la fauna silvestre y las demandas de los productores pecuarios en el vecino país del norte, un tema de alta sensibilidad ambiental debido a que el lobo gris mexicano es una subespecie que durante décadas ha estado sujeta a intensos programas binacionales de recuperación en regiones fronterizas entre México y Estados Unidos, tras haber estado al borde de la extinción total en el siglo pasado.
La medida impulsada desde Washington busca dotar a los ganaderos de herramientas legales y operativas más amplias para proteger sus hatos, lo que ha generado inquietud entre organizaciones ambientalistas y científicos que advierten sobre el riesgo de revertir décadas de esfuerzos conservacionistas orientados a mantener poblaciones viables de estos depredadores apex en su hábitat natural.



