“Oprima dos si quiere que sea Daniela”
La líder estatales PAN, Daniela Álvarez, se gasto algunos cientos de miles de pesos, en pagar una encuesta telefónica en la que esta midiendo su popularidad y aceptación ante la ciudadania, el electorado para ser más precisos. En una encuesta telefónica, robótica y aleatoria, como las que hacen Rubrum, Massive Caller y Mitofsky, entre otras empresas. Una voz femenina le pregunta: ¿Conoce a Daniela Álvarez?, si es afirmativo “oprima dos en su teclado telefónico”; ¿ A oido hablar en los últimos siete días de DA?, oprima dos si es afirmativo. ¿Qué opinión tiene de DA?, si es excelente oprima dos y la última pregunta: ¿Votaría por DA, si fuera candidata a gobernadora?, oprima dos si es afirmativo…
Una posible explicación de la encuesta
Es totalmente cierto eso de que la esperanza es lo que muere al último, la única posibilidad que tiene la lideresa estatal del PAN, Daniela Álvarez, de ser candidata la gubernatura es que el Comité Ejecutivo Nacional del PAN, tome la decisión de que sea por paridad de género una mujer la candidata a la gubernatura en el 2027, esa posibilidad es extremadamente remota, tendríamos que entrar en el terreno de desgracias personales o eventos como el sucedido en Sonora, con la Guardería ABC o en Chihuahua, con el show de “trocas monstruo”.
Algo quiere Liz Aguilera
Quien también se esta gastando una buena lana en saber si la Patria la requiere de su servicio es la ex diputada Liz Aguilera, quien actualmente es Defensora de los Derechos Universitarios en la Universidad Autónoma de Chihuahua. Los teléfonos de la ciudad suenan con un cuestionario prácticamente idéntico.
Cruz y el ritual de la autocelebración
El Sexto Foro Anual de Transparencia 2025 en Juárez no fue un ejercicio de rendición de cuentas, sino un acto cuidadosamente orquestado de autopromoción política. Cruz Pérez Cuéllar aprovechó el escenario para convertir cifras administrativas en trofeos personales: 95.8 % de eficacia, 100 % de cumplimiento, dos premios nacionales en puerta. En un municipio donde la violencia, la corrupción policial histórica y la opacidad en contratos de obra pública han sido la norma durante décadas, celebrar la simple entrega de información solicitada como un logro heroico revela más sobre la precariedad de las expectativas ciudadanas que sobre la excelencia gubernamental.
La paradoja del elogio fácil
Que un organismo autónomo califique al municipio con 100 % en obligaciones de transparencia debería ser la línea base, no motivo de fiesta. Sin embargo, en el contexto mexicano, donde cientos de ayuntamientos ni siquiera publican sus presupuestos o licitaciones, Juárez puede presumir porque el estándar nacional es bajísimo. El alcalde presenta como virtud lo que es obligación legal mínima, mientras evade mencionar que esas mismas “34 mil preguntas atendidas” suelen ser solicitudes de ciudadanos que, ante la falta de información proactiva, se ven forzados a activar mecanismos extraordinarios para conocer lo que debería estar publicado de oficio.
Lo que se muestra y lo que se oculta
Se alardea de que la información del Presupuesto Participativo está “disponible para consulta pública”, pero se omite que los proyectos ganadores suelen ser obras menores de pavimentación o alumbrado mientras los grandes contratos de infraestructura (seguridad, agua, recolección de basura) siguen envueltos en opacidad y adjudicación directa disfrazada. La transparencia operativa que tanto presume el coordinador Fernando Gómez Cid de León brilla cuando se trata de mostrar parques remodelados con recursos ciudadanos, pero se desvanece en los millonarios convenios con empresas privadas que nunca pasan por consulta ni rendición detallada de cuentas.
Bajar la guardia disfrazada de fortaleza
El llamado del alcalde a “no bajar la guardia ante posibles cambios legislativos” suena responsable, pero esconde una amenaza velada: cualquier reforma que eleve los estándares de transparencia (como la obligación de publicar contratos en tiempo real o los beneficiarios finales de empresas contratistas) pondría en jaque el actual modelo juarense basado en cumplir lo mínimo para obtener el máximo reconocimiento político. Mientras el presidente municipal y el comisionado Facio Guzmán se felicitan mutuamente en un círculo cerrado de elogios, la ciudadanía sigue esperando que la transparencia deje de ser un evento anual con presídium y se convierta en una práctica cotidiana que realmente limite el abuso del poder. Por ahora, Juárez no lidera la transparencia en México; sólo lo presume porque sabe que en el país la mayoría ni siquiera finge intentarlo.
“Vamos por el knock-out en el 27”
El incidente en el desfile de la Revolución Mexicana en Chihuahua no es un simple “exceso” de entusiasmo, sino la manifestación abierta de una lucha interna que el PAN estatal intenta minimizar con discursos de “respeto” y “conciencia individual”. Mantas con “Vamos por el knock-out en el 27” y camionetas gritando “Qué Bonilla es Chihuahua” no son ocurrencias espontáneas de militantes anónimos: son actos coordinados que requieren logística, recursos y, sobre todo, autorización implícita o explícita de quien controla las estructuras partidistas en la capital. Que la dirigencia estatal se lave las manos y hable de “ubicar al responsable” mientras protege al alcalde Marco Bonilla revela la verdadera jerarquía interna: Bonilla ya opera como el candidato ungido, y la presidenta estatal Daniela Álvarez, a regañadientes, funciona más como escudo que como árbitro.
Maru : fue “falta de respeto”
… pero no falta de lealtad. Bonilla no se destapó solo: alguien le quitó la sábana y alguien más prendió la luz para que se viera bien. La reacción de la gobernadora Maru Campos –calificar el acto como “falta de respeto”– suena a regaño de hermana mayor, pero carece de consecuencias reales. Campos necesita mantener la ficción de neutralidad rumbo al 2027 porque su propio capital político depende de proyectar institucionalidad; sin embargo, su silencio ante el destape anticipado de Bonilla la coloca en una posición incómoda: o frena al alcalde y arriesga romper la alianza que la sostiene en Chihuahua, o lo deja avanzar y confirma lo que todos sospechan: que el proceso interno ya está cocinado y que el PAN chihuahuense sigue siendo un coto de poder personalista disfrazado de partido político.
Fiel de la balanza
El discurso de Álvarez Hernández sobre que “la imagen de la gobernadora está por encima de cualquier personaje” es una verdad a medias que sirve para tapar el sol con un dedo. La fortaleza de Maru Campos no radica en su carisma abstracto, sino en el control que aún ejerce sobre las alcaldías grandes, los diputados locales y los recursos estatales. Cuando Bonilla se promociona descaradamente en eventos públicos pagados con dinero del erario (el desfile no es privado), está desafiando precisamente ese control. No es un acto de rebeldía juvenil; es un mensaje mafioso: “Yo ya tengo la capital, las estructuras y el dinero; si quieres pelear el 2027, vas a tener que hacerlo en mi terreno”.
El discurso de Daniela
La lidera estatales PAN, Daniela Álvarez, dice que “la imagen de la gobernadora está por encima de cualquier aspiración” es como decir que el dueño del circo está por encima del payaso que ya se está pintando la cara para el próximo show. El público ya compró boleto para 2027 y sabe quién va de estelar. Lo más grave no es el acto anticipado en sí, sino la normalización cínica de estas prácticas dentro de la política chihuahuense. Decir que “es totalmente legal lo que se hace” cuando se está haciendo promoción personal en un evento cívico oficial es una burla al espíritu mismo de la alternancia que el PAN presumió en 2016 y 2021. El partido que llegó al poder estatal prometiendo acabar con los excesos del PRI, hoy reproduce exactamente los mismos vicios: destapes anticipados, uso de recursos públicos para promoción personal y un liderazgo que se perpetúa mediante la sumisión o el exterminio de disidencias internas. El que también lo haga Morena y en los mismos términos no es atenuante.
Censura disfrazada de “seguridad”
Lo ocurrido en el Congreso de Chihuahua no fue un incidente de orden público, sino un acto deliberado de censura orquestado por la mayoría panista. Alfredo Chávez justifica la expulsión de Martín Solís argumentando “falta de condiciones de seguridad”, pero omite que esas condiciones las generaron precisamente los aliados políticos que el PAN ha cultivado entre ciertos sectores agroindustriales. Al sacar por la fuerza a uno de los pocos liderazgos campesinos críticos que quedaba en la mesa, el foro dejó de ser un espacio de diálogo para convertirse en un acto de ratificación de la agenda de los grandes extractores de agua. El mensaje es claro: quien tenga antecedentes de denuncia contra la corrupción en el sector agropecuario será vetado, aunque su presencia sea legítima y su voz necesaria.

