Ciudad Juárez, Chihuahua. – En un cambio histórico impulsado por el endurecimiento de las políticas de seguridad fronteriza, la tradicional Misa Binacional en memoria de los migrantes difuntos se ofició este 2025 exclusivamente del lado estadounidense, en las inmediaciones del viejo Fort Bliss, sin cruzar al río Bravo como se hacía desde hace tres décadas.
La celebración eucarística, que une a fieles y representantes eclesiásticos de México y Estados Unidos, congregó a participantes de El Paso, Texas; Las Cruces, Nuevo México, y Ciudad Juárez, Chihuahua, en un acto simbólico para honrar a quienes perdieron la vida en la travesía migratoria.
Cambio forzado por la militarización de la frontera
A diferencia de ediciones anteriores, donde la misa se realizaba en el cauce del río Bravo –dividido entre El Paso y Ciudad Juárez–, las autoridades estadounidenses restringieron el acceso al área, convirtiéndola en una zona de defensa nacional extendida desde la base militar de Fort Bliss.
“Hoy estamos en este sitio que es lo más cerca del muro que podemos llegar sin vista completa o participación del lado de Ciudad Juárez. La frontera es ahora una zona de defensa nacional de lado a lado”, declararon los representantes de la iglesia estadounidense al iniciar la ceremonia.
Francisco Javier Bueno, director de la Casa del Migrante en Ciudad Juárez, asistió en representación del obispo José Guadalupe Torres Campos, destacando la presencia mexicana pese a las limitaciones físicas impuestas por el muro.
Oraciones por víctimas, familias y políticas migratorias
Durante la misa, se elevó una plegaria por los migrantes fallecidos, los refugiados, sus familias separadas y por un cambio en las políticas migratorias de ambos países.
“La Cruz, símbolo del sufrimiento en dificultades impuestas a nuestros hermanos migrantes, el miedo y terror de ser agarrado por la migra, la existencia del proceso. Debido a la detención en cárcel inadecuada, más deportación en masa y la separación familiar”, se expresó en la homilía, subrayando el drama humano detrás de las estadísticas.
Los organizadores enfatizaron que, pese al traslado forzado, “no se va a abandonar la misión por los migrantes y refugiados”, manteniendo viva una tradición de 30 años que busca visibilizar el dolor de miles de personas en busca de una vida mejor.
Primer precedente en tres décadas de eventos binacionales
Esta es la primera ocasión en 30 años que la misa no se realiza en el río Bravo, un espacio simbólico que permitía la interacción directa entre ambos lados de la frontera. El cambio se suma a la cancelación de otros eventos transfronterizos, como Abrazos No Muros, que reunía a familias separadas por deportaciones y políticas restrictivas.
La militarización de la zona, con el muro como barrera física y Fort Bliss como extensión operativa, refleja el creciente control fronterizo en un contexto de tensiones migratorias persistentes entre México y Estados Unidos.



