Ciudad de México.- En un país donde cada día mueren al menos 10 mujeres a manos de la violencia de género, miles de feministas, familiares de víctimas y activistas tomaron las calles este martes para conmemorar el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. Bajo el lema “¡No llegamos todas!”, en referencia a las ausentes por feminicidio, la marcha principal en la Ciudad de México reunió a alrededor de 1,500 personas, según cifras oficiales de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC). Las organizadoras, como la Coordinación 8M y la Red Rompe el Miedo, elevaron la cifra a más de 5,000 participantes en todo el país, en una jornada que combinó rabia, arte callejero y demandas urgentes al nuevo gobierno de Claudia Sheinbaum.
La movilización, que inició a las 15:30 horas en la Glorieta de las Mujeres que Luchan –un monumento simbólico en Paseo de la Reforma–, avanzó con batucadas, consignas potentes y performances que visibilizaron el dolor colectivo. “El machismo se tiene que morir”, coreaban las manifestantes mientras avanzaban hacia el Zócalo capitalino, paralizando el tráfico en avenidas clave y dejando un saldo blanco, sin incidentes mayores reportados por las autoridades. En un México con 7,746 feminicidios registrados entre 2005 y 2024 –y un nivel de impunidad superior al 95%–, esta edición del 25N se erige como un grito de alerta ante la persistente crisis de género.
De Reforma al Zócalo, un río de indignación
El contingente principal, convocado por la Red Nacional de Refugios y colectivos como Ni Una Menos, partió puntualmente de la Glorieta de las Mujeres que Luchan, un sitio erigido en 2021 para honrar a las víctimas de violencia. Vestidas de morado y naranja –colores del Día Naranja declarado por la ONU–, las participantes portaban fotos de mujeres desaparecidas y asesinadas, así como carteles con mensajes como “¡Contra todas las violencias!” y “Justicia para las sobrevivientes”. La música de tambores y cánticos feministas acompañaron el trayecto por Paseo de la Reforma, Avenida Juárez y 5 de Mayo, hasta llegar al corazón del Centro Histórico pasadas las 18:00 horas.
Entre las voces más potentes estuvo la de alumnas de la Escuela Superior de Comercio y Administración del IPN, víctimas de violencia digital. Con megáfonos en mano, denunciaron el caso de Diego “N”, un agresor que utilizó inteligencia artificial para alterar sus imágenes y acosarlas en redes. “Nos robaron la dignidad con clics, ¿dónde está la ley que nos protege?”, gritó una de ellas, mientras el grupo coreaba “¡No al ciberacoso, sí a la justicia!”. La marcha no solo visibilizó feminicidios físicos, sino también las formas digitales y estructurales de violencia que afectan a miles.
En el Zócalo, el templete improvisado se convirtió en escenario de testimonios desgarradores. Familiares de desaparecidas como los de los 43 estudiantes de Ayotzinapa –muchos de ellos con hijas e hijas víctimas colaterales– se unieron al mitin. “Mi hermana fue secuestrada por el narco, y el Estado nos ignora. ¿Cuántas más tienen que morir para que actúen?”, relató una mujer de Guerrero, con lágrimas que se mezclaban con aplausos solidarios. La bandera a media asta en el Palacio Nacional simbolizaba el duelo oficial, pero para las manifestantes, era insuficiente: exigían acciones concretas, no solo símbolos.
La SSC desplegó un operativo especial con 2,000 elementos para acompañar la ruta, cerrando estaciones del Metro como Hidalgo y Bellas Artes, y del Metrobús en Reforma. A pesar de las afectaciones viales –que generaron caos en el periférico y avenidas aledañas–, las autoridades destacaron la pacífica convivencia. “Fue una manifestación ordenada, con respeto mutuo”, reportó un comunicado de la Secretaría de Gobierno. Sin embargo, en redes sociales, videos virales mostraron momentos de tensión cuando vallas metálicas protegieron el Palacio Nacional, recordando protestas pasadas donde el enojo derivó en pintas y confrontaciones.
El eco feminista resuena en todo México
La jornada no se limitó a la capital. En Guadalajara, Jalisco, unas 800 mujeres marcharon desde la Plaza de Armas hasta el Instituto Jalisciense de las Mujeres, exigiendo el fin de la impunidad en un estado que registra 200 feminicidios al año. En Monterrey, Nuevo León, el contingente de 500 personas bloqueó el Paseo Santa Lucía con performances de teatro callejero que recreaban escenas de violencia vicaria –el uso de hijos para dañar a ex parejas–. “¡Basta de niños como trofeos en divorcios tóxicos!”, se escuchaba en los altavoces.
En el Estado de México, vecino de la CDMX y epicentro de desapariciones, la marcha en Ecatepec reunió a 1,200 participantes. Colectivos locales, como las Madres Buscadoras, lideraron el recorrido con cruces negras representando a las 1,500 mujeres desaparecidas en la entidad desde 2018. “Aquí no hay refugios ni alertas efectivas. El gobierno de Del Mazo nos dejó solas, y Sheinbaum debe cambiarlo”, declaró una líder del grupo, refiriéndose a la Alerta de Violencia de Género activa desde 2015 pero con escasos avances.
Al sur, en Chiapas, la lluvia no detuvo a 600 indígenas tsotsiles y tseltales en San Cristóbal de las Casas, quienes denunciaron la violencia exacerbada por el conflicto armado y el crimen organizado. “Somos las más invisibles: indígenas, pobres y silenciadas”, afirmaron en un manifiesto que vinculaba el 25N con la defensa territorial. En Tijuana, Baja California, la caravana migrante se sumó con 400 mujeres centroamericanas exigiendo protección transfronteriza: “Cruzamos fronteras huyendo de la violencia, pero México nos revictimiza”.
Estas movilizaciones locales subrayan la diversidad del movimiento: no solo urbanas, sino rurales y migrantes, unidas por la demanda de políticas inclusivas. En total, se reportaron al menos 50 marchas en 25 estados, según la Red Rompe el Miedo, que monitoreó en tiempo real vía redes sociales.
Demandas urgentes: De la rabia a la acción política
El manifiesto conjunto, leído en el Zócalo por una vocera de la Coordinación 8M, fue un catálogo de urgencias. Entre las principales demandas:
- Implementación real de la Alerta de Violencia de Género en los 22 estados donde aplica, con presupuestos adecuados para refugios y atención psicológica. Actualmente, solo el 30% de los fondos asignados se ejecutan, según Amnistía Internacional.
- Homologación nacional del delito de abuso sexual callejero, en respuesta al incidente sufrido por la presidenta Sheinbaum semanas atrás, donde un hombre la acosó públicamente. “No más normalización del piropo violento”, se exigió.
- Fin a la revictimización en procesos judiciales, incluyendo formación obligatoria en perspectiva de género para jueces y policías. El 70% de las denuncias por violencia familiar se desestiman por “falta de pruebas”, revelan datos del INEGI.
- Protección a mujeres migrantes y LGBTIQ+, con protocolos específicos contra la violencia en fronteras y prisiones.
- Aborto legal, seguro y gratuito en todo el país, y despenalización de la protesta feminista, criminalizada en estados como Puebla y Veracruz.
- Erradicación de la violencia digital y vicaria, con leyes contra el uso de IA para el acoso y custodia compartida forzada en casos de maltrato.
Estas peticiones resonaron en la conferencia matutina de Sheinbaum, quien lanzó la campaña nacional “¡Es tiempo de mujeres sin violencia!”. Acompañada por los 32 gobernadores –vía remota–, firmaron 10 compromisos: desde crear fiscalías especializadas hasta capacitar a 100,000 servidores públicos en igualdad. “No llegamos solas, pero no llegamos todas. Honremos a las ausentes con hechos”, declaró la mandataria, prometiendo que la Secretaría de las Mujeres, a cargo de Citlalli Hernández, presentará el 26 de noviembre una estrategia integral de prevención.
Sin embargo, el movimiento feminista recibió estas promesas con escepticismo. “Palabras bonitas no salvan vidas. Queremos presupuestos, no discursos”, tuiteó una activista desde el mitin. La campaña de la ONU, que inicia los 16 Días de Activismo contra la Violencia de Género, enfatizó la urgencia: en México, 10 de cada 11 mujeres han sufrido violencia alguna vez, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.
Polémica y ausencias: El gobierno responde, pero ¿basta?
La presencia institucional fue mixta. Sheinbaum no marchó, pero su equipo –incluyendo a la jefa de Gobierno Clara Brugada– envió representantes al Zócalo. La SSC y la Secretaría de las Mujeres coordinaron protocolos de “policía feminista”, con agentes mujeres custodiando la ruta. No obstante, colectivos como la Red Rompe el Miedo criticaron la “militarización sutil” con vallas y drones, recordando el uso excesivo de fuerza en protestas previas.
Desde la oposición, figuras como Xóchitl Gálvez –ex candidata presidencial– publicaron mensajes de apoyo en redes, pero sin unirse físicamente. En contraste, la ONU México y Amnistía Internacional aplaudieron la visibilidad, urgiendo al Congreso a ratificar tratados como la Convención de Belém do Pará con mecanismos de cumplimiento. En el ámbito internacional, marchas paralelas en Madrid (5,000 participantes) y Lisboa inspiraron videos compartidos en X, donde #25N México acumuló millones de vistas.
Datos que claman justicia: La cruda realidad de la violencia en México
Mientras las mujeres marchaban, el INEGI publicaba su informe anual: en 2024, se registraron 912 feminicidios –un 5% más que en 2023–, con Edomex, Veracruz y Jalisco como focos rojos. El 72% de las víctimas nunca denunció por miedo a represalias. La violencia digital afecta al 40% de las jóvenes, y la vicaria –usar hijos como arma– creció un 20% post-pandemia. “Estos números no son estadísticas, son hijas, madres, hermanas”, enfatizó ONU Mujeres en un comunicado.
En el Zócalo, una performance final –mujeres envueltas en sudarios naranjas– cerró la marcha con un minuto de silencio por las Mirabal, las hermanas dominicanas asesinadas en 1960 que inspiraron esta fecha. “Patria, Minerva, María Teresa: ¡Presentes!”, se gritó, mientras tambores retumbaban.
Un legado de lucha: Hacia un México sin violencia
Pasadas las 20:00 horas, el Zócalo se vaciaba lentamente, pero el eco de las consignas perduraba. Una niña de 12 años, con un cartel que decía “Lucho por mi futuro”, abrazó a su madre al final del mitin. “Gracias por no rendirte”, le susurró. Cerca, una activista de 70 años, veterana del 8M, respondió: “Nosotras marchamos para que tú camines segura”.
El 25N de 2024 no solo fue una protesta, sino un recordatorio: en México, el feminismo es resistencia cotidiana. Con Sheinbaum como primera presidenta, hay esperanza en políticas transformadoras, pero la calle exige vigilancia. Como corearon hasta el último aliento: “¡Vivas nos queremos, muertas nos buscan!”. Mientras una sola mujer tema salir de casa, la lucha continúa.



