Uruapan, Michoacán.- Una marea humana de más de 60 mil personas paralizó las calles de esta ciudad avasallada por la violencia, en una marcha multitudinaria que exigió justicia por el asesinato del alcalde Carlos Manzo, tiroteado a quemarropa el 1 de noviembre durante las celebraciones del Día de Muertos. Los gritos de repudio al gobierno federal y estatal resonaron hasta la plaza principal, donde la viuda del edil, Grecia Quiroz, asumió su rol como alcaldesa interina y lanzó un ultimátum político que prometió cobrarse en las urnas de 2027.
La procesión, que partió desde las afueras del centro histórico y serpenteó por avenidas atestadas de pancartas y sombreros emblemáticos del Movimiento del Sombrero —el emblema de la lucha de Manzo contra la inseguridad—, dejó a Uruapan convertida en un mar de camisetas blancas con la imagen del fallecido líder. «¡Queremos paz!», coreaban los manifestantes, mientras el enojo se volcaba contra el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla, a quien se le imputa no solo ineptitud, sino una complicidad por omisión que, según los asistentes, selló el destino del alcalde. «¡Fuera Morena!», retumbaba como eco de una fractura profunda entre el pueblo y el poder.
Abuela en silla de ruedas lidera el lamento colectivo
Al frente de la columna avanzaba Raquel Ceja, la abuela de 89 años que crió a Manzo en su infancia y que, en silla de ruedas, se convirtió en el rostro visible del duelo familiar. Con lágrimas surcando su rostro arrugado, la nonagenaria fue la primera en tomar el micrófono al llegar a la explanada principal. «No puede ser, no lo puedo creer… Yo le decía que no tenía necesidad, pero él respondía: ‘Mátenme a mí, no les tengo miedo'», relató con voz entrecortada, provocando un silencio sepulcral entre la multitud antes de que estallaran los aplausos y los sollozos. Su testimonio, crudo y personal, encapsuló el vacío dejado por Manzo, un hombre que emergió de las cenizas de la extorsión y los secuestros para ganar la alcaldía con promesas de unidad y confrontación directa a los cárteles que asfixian la región aguacatera.
La marcha transcurrió en un clima de tensión contenida, custodiada por elementos de la Guardia Nacional y un convoy de la Guardia Civil michoacana despachado desde Morelia al amanecer. No hubo incidentes mayores, aunque las pancartas como «Miedo, solo al silencio» y las consignas contra la presidenta Claudia Sheinbaum —a quien se acusa de ignorar los ruegos de Manzo por refuerzos de seguridad— mantenían el pulso de la indignación. Cientos de comercios bajaron sus cortinas en solidaridad, sumando al paro cívico que transformó la urbe en un bastión de protesta pacífica pero inquebrantable.
Quiroz exige a Sheinbaum: «No fui a doblar las manos, sino a reclamar»
El clímax llegó con el discurso de Grecia Quiroz, quien, flanqueada por su familia y líderes del Movimiento del Sombrero, se plantó ante la plaza abarrotada para trazar el mapa de su lucha futura. «Esta plaza llena de Uruapan es el mayor legado de Carlos, quien siempre buscó la unidad para enfrentar la violencia que nos agobia», proclamó, elevando la voz sobre el rugido de la muchedumbre. Con el peso de su duelo a cuestas, la nueva alcaldesa desgranó su reciente encuentro con Sheinbaum en Palacio Nacional: «No fui para doblar las manos, sino para exigir justicia y que volteen a ver a nuestro municipio. ¡Saquen a todos esos delincuentes que ellos saben dónde están!», arengó, desatando una ovación que pareció sacudir los cimientos de la catedral cercana.
Quiroz no escatimó en advertencias. «Nuestro dolor se convirtió en fuerza. No permitiremos que nos sigan pisoteando ni que se siga derramando nuestra sangre», afirmó, al tiempo que sometía a la multitud a un veredicto colectivo: «¿Aceptamos la seguridad que nos han brindado? ¡No!», respondieron al unísono, sellando un pacto implícito de continuidad en la resistencia. En un giro con claros visos electorales, remató: «Quienes son responsables de su muerte no saben que este sombrero tiene una fuerza incansable… En 2027 les vamos a dar el voto de castigo». Sus palabras, transmitidas en vivo por redes sociales, ya reverberan más allá de Michoacán, como un llamado a la esperanza teñida de rabia para todos los que han padecido la extorsión y el terror.
Dos días de furia que sacuden Michoacán
Este viernes marca el segundo día de furia en la entidad, donde el homicidio de Manzo —el más reciente en una cadena de ataques que incluye el de otro funcionario el 20 de octubre— ha destapado la fractura entre el Estado y sus ciudadanos. Mientras el gobierno federal ofrece «recomponer la estrategia de seguridad», los uruapenses rechazan paliativos y demandan presencia real: detenciones, desmantelamiento de células criminales y, sobre todo, la renuncia de Ramírez Bedolla, cuya gestión se ve ahora como el catalizador de un éxodo de confianza.
En las redes, videos de la abuela Ceja y los arengos de Quiroz acumulan millones de vistas, amplificando un mensaje que trasciende Uruapan: la paz no se mendiga, se impone. Con la imagen de Manzo como estandarte, la marcha no solo honró a un alcalde caído, sino que forjó un movimiento que, de aquí al 2027, podría reconfigurar el mapa político de Michoacán. La esperanza, como clamó Quiroz, «está parada aquí junto a mí: Carlos Manzo vive en nosotros».



