BRUSELAS Líbano. — El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, logró superar una nueva prueba en su relación con el presidente Donald Trump tras la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, un conflicto que no involucra directamente a la Alianza Atlántica y sobre el cual nunca se consultó a la organización.
Desde el inicio de las hostilidades, Trump ha criticado duramente a los aliados europeos, llamándolos “cobardes”, ha descalificado a la OTAN como “un tigre de papel” y ha comparado al primer ministro británico Keir Starmer con Neville Chamberlain por su supuesta política de apaciguamiento. Además, ha reiterado amenazas de tomar el control de Groenlandia, lo que ha generado tensiones profundas dentro de la alianza.
En los últimos días, Trump sugirió incluso la posibilidad de que Estados Unidos abandone la OTAN, una idea que ya había planteado en 2018 durante su primer mandato. Su principal reclamo es que varios aliados se negaron a apoyar a Washington cuando Irán cerró de facto el estrecho de Ormuz, una ruta marítima clave para el comercio global.
Tras una conversación telefónica con Rutte el miércoles, Trump expresó su frustración en redes sociales: “LA OTAN NO ESTUVO AHÍ CUANDO LA NECESITAMOS, Y NO ESTARÁ AHÍ SI LA NECESITAMOS OTRA VEZ”.
Interrogado por CNN sobre si Trump planea retirar a Estados Unidos de la organización, Rutte respondió con cautela: “Está claramente decepcionado con muchos aliados de la OTAN, y puedo entender su punto de vista”.
Rutte, quien ha sido descrito como el “susurrador de Trump”, ha centrado gran parte de su gestión desde 2024 en mantener a Washington comprometido con la alianza. Ha utilizado la adulación, destacando que Trump logró que los europeos aumentaran sus gastos en defensa, y ha evitado criticar públicamente la guerra contra Irán.
“Fue una discusión muy franca, muy abierta, pero también una discusión entre dos buenos amigos”, dijo Rutte tras el diálogo. El secretario general rechazó confirmar informes sobre posibles retiros de tropas estadounidenses de países europeos que no respaldan la ofensiva, y al ser preguntado si el mundo es más seguro tras la guerra, respondió tajante: “Absolutamente”.
La OTAN se mantiene al margenA diferencia de otros conflictos, la guerra contra Irán no activa ningún mecanismo de la OTAN, ya que se trata de una acción ofensiva lanzada por un miembro de la alianza y no de un ataque contra un aliado. Rutte ha sido claro al respecto: “Esto es Irán, esto es el Golfo Pérsico, esto está fuera del territorio de la OTAN”.
Aunque la alianza protegió a Turquía cuando Irán lanzó misiles en represalia, la organización no tiene previsto involucrarse en el conflicto. La OTAN declinó comentar si se ha discutido la seguridad del estrecho de Ormuz y remitió las consultas al Reino Unido, que lidera un esfuerzo internacional fuera de la estructura aliada para garantizar la navegación una vez que entre en vigor un eventual alto el fuego.
El ministro de Exteriores de Estonia, Margus Tsahkna, señaló que su país está dispuesto a analizar cualquier solicitud de apoyo de un aliado, pero insistió en que se requiere una petición formal para definir objetivos y misión.
La tensión de Trump se dirige especialmente contra España y Francia. España cerró su espacio aéreo a aviones estadounidenses vinculados a la operación y negó el uso de bases militares conjuntas. Francia, por su parte, ha criticado la falta de consulta y ha evaluado caso por caso el uso de sus instalaciones.
Pese a las fricciones, Rutte continúa trabajando para evitar que la alianza se fracture y para mantener a Estados Unidos dentro de la OTAN, incluso mientras Washington enfoca su atención en otras regiones como el Indopacífico o el Golfo Pérsico.
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