Caracas, Venezuela. – Las calles de Caracas amanecieron en una mezcla de tensión, protestas y incertidumbre tras la operación militar estadounidense que capturó al presidente Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores el 3 de enero. Manifestantes chavistas marcharon exigiendo su liberación, mientras colectivos armados patrullaban barrios populares. Al mismo tiempo, sectores opositores celebraron discretamente, aunque con cautela por posibles represalias.
El fiscal general Tarek William Saab calificó la acción como “terrorismo de Estado” y llamó al ejército a defender la soberanía. Sin embargo, la presidenta interina Delcy Rodríguez, juramentada el lunes, adoptó un tono dual: condenó la “agresión ilegítima” y el “secuestro” de Maduro, pero ofreció una “agenda de cooperación” con Washington, especialmente en acceso a recursos petroleros. Rodríguez, respaldada por el Tribunal Supremo y el alto mando militar, insistió en que Maduro sigue siendo el presidente legítimo, mientras enfrenta presiones de Trump para abrir la industria energética.
La ONU criticó la intervención como violación del derecho internacional, advirtiendo que debilita mecanismos globales contra conflictos. En Caracas, cortes de internet y energía afectaron zonas clave durante la operación, dejando al menos 80 muertos según fuentes oficiales venezolanas.
La captura se entrelaza con amenazas de Trump sobre Groenlandia, generando alarma en Europa. Líderes de Francia, Alemania, Reino Unido y Dinamarca declararon que “Groenlandia pertenece a su pueblo”, mientras el primer ministro groenlandés rechazó cualquier anexión. Trump insinuó intervenciones en México y Colombia contra el narcotráfico, aunque la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum lo minimizó.
Maduro, al comparecer en Nueva York, se declaró no culpable de cargos por narcoterrorismo y afirmó ser “prisionero de guerra”. Trump elogió la operación y bromeó sobre el “baile” de Maduro, prometiendo “cuidar la salud del país” venezolano.
En Venezuela, el bloqueo petrolero agrava la crisis económica. Venezolanos en el exterior muestran emociones divididas: alivio por la caída de Maduro, pero temor por asilos. Analistas prevén inestabilidad si no hay diálogo, con Rodríguez como figura clave en una transición incierta.
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