La tequilita como bálsamo
En un gesto informal pero cargado de simbolismo político, la gobernadora María Eugenia Campos Galván convocó este fin de semana a un selecto grupo de su gabinete para “tomar un tequilita” y rebajar la temperatura de una semana tensa, marcada por los primeros cruces públicos entre aspirantes a la alcaldía de Chihuahua en 2027. La mandataria, con su habitual tono distendido, reconoció que el encuentro buscaba relajar ánimos y evitar que las diferencias entre el Fiscal General César Jáuregui Moreno y el Secretario General de Gobierno, Santiago de la Peña Grajeda, escalaran hasta afectar la operación diaria del gobierno. La cita, que incluyó también al secretario de Hacienda, José de Jesús Granillo Vázquez, y al de Desarrollo Urbano, Fernando Álvarez Monje, fue presentada como un espacio de “gratitud y amistad”, según la propia gobernadora difundió en redes con una fotografía del grupo. Sin embargo, detrás de la copa compartida se esconde una estrategia clara de contención: con más de un año de anticipación, la precampaña interna del PAN ya amenaza con fracturar la disciplina partidista.
Manque fuera del círculo
Notablemente ausente de esa reunión relajada quedó Manque Granados, uno de los perfiles más mencionados en las encuestas internas del partido junto a Rafael Loera. Su exclusión del “tequilita” no pasó inadvertida para fuentes cercanas al gabinete y alimenta especulaciones sobre el peso real que Campos Galván otorga a cada aspirante. Mientras Jáuregui y De la Peña —los dos que protagonizaron los señalamientos más duros de los últimos días— fueron llamados a la mesa, Granados quedó fuera del radar inmediato de la gobernadora. Esa omisión, aunque pueda parecer menor, revela que la mandataria selecciona con cuidado a quién invita a la terapia de grupo y a quién deja deliberadamente en la periferia, marcando ya un primer filtro en la sucesión capitalina.
El cruce de espadas
El detonante de la reunión fue el escalamiento de declaraciones entre De la Peña y Jáuregui. El Secretario General de Gobierno habló con entusiasmo de que “rebasaría por la derecha” al Fiscal General, quien minimizó las encuestas que posicionan muy cerca al Secretario General, argumentando que para él “está muy lejos”. Ese intercambio público, inédito en el gabinete de Campos Galván, expone la fragilidad de la cohesión panista cuando los intereses personales se adelantan a los tiempos electorales. La mandataria, consciente del riesgo, intervino no sólo para apaciguar, sino para recordarles que “hay que rebasar por la derecha, pero no tan cerquita uno de otro”, una frase que resume su visión: competencia sí, pero bajo control y sin colisiones que dañen la imagen del gobierno estatal.
Campos Galván como árbitro
Al insistir en que no habrá cambios inmediatos en el gabinete y que las definiciones se ajustarán estrictamente a la ley electoral y los estatutos del PAN, la gobernadora se posiciona como la única autoridad capaz de poner orden en un tablero que ya empieza a moverse. Su mensaje es claro: la sucesión de la ciudad de Chihuahua no se decidirá en encuestas prematuras ni en declaraciones cruzadas, sino en el momento y bajo las reglas que ella, como líder estatal, valide. De esta forma, Campos Galván se erige como fiel de la balanza: no compite directamente, pero tiene la capacidad de inclinarla hacia quien considere más conveniente para mantener la unidad y los resultados de su administración.
El poder real de la gobernadora
Con más de un año por delante, la competencia interna ya genera preocupación en el círculo cercano a la mandataria. La reunión del fin de semana no fue sólo un ejercicio de relajación; fue una demostración de liderazgo para recordarles a los aspirantes que la prioridad sigue siendo gobernar y no dividir al partido. Al convocar, mediar y excluir selectivamente, Campos Galván confirma su rol central en la sucesión capitalina: ella es quien marca el ritmo, quien decide quién se acerca al fuego y quién permanece en la orilla. En un PAN donde las ambiciones individuales amenazan con desbordarse, la gobernadora se consolida como el contrapeso indispensable, la fiel de la balanza que, con tequilita o sin ella, seguirá determinando el rumbo de la capital chihuahuense hacia 2027.
Negación con sonrisa incluida
El fiscal general César Jáuregui Moreno sale al paso a desmentir con sonrisa de anuncio que haya existido algún “jalón de orejas” dentro del PAN chihuahuense, pero su propio énfasis en lo “calmaditos” que están todos genera más sospechas que alivio. Cuando un alto funcionario se ve obligado a negar públicamente una reprimenda partidista que nadie le preguntó con tanto detalle, suele ser porque la versión ya circula con fuerza en los pasillos y en los chats. Minimizar tensiones entre el Fiscal y el Secretario General de Gobierno Santiago de la Peña no apaga el fuego, simplemente lo cubre con una capa de barniz institucional.
La adulta tuvo que meter orden
La dirigente estatal Daniela Álvarez Hernández aparece en los reportes como la adulta en la habitación que tuvo que llamar a capítulo a dos miembros del gabinete de Maru Campos para que bajaran el tono y dejaran de tirarse pullas en público. Jáuregui lo niega con vehemencia, pero la sola existencia de la versión revela que el equipo no está tan cohesionado como pregona. En política, cuando la presidenta del partido tiene que intervenir para evitar confrontaciones abiertas, no es señal de “calma”, es señal de que las ambiciones personales ya empezaron a rozarse y nadie quiere que el pleito salpique a la gobernadora antes de tiempo.
El trono de Alcalde tambalea
El rumor de que Ariadna Montiel podría destronar a Luisa María Alcalde al frente de Morena no es un simple chisme de pasillo: es la evidencia descarnada de que el partido guinda tiene una crisis interna. Apenas un año y medio después de asumir el cargo, Alcalde y su equipo han demostrado ser incapaces de contener las fracturas internas y los malos resultados en las elecciones de Veracruz y Durango del año pasado. La tesis es clara y brutal: este relevo no busca fortalecer al partido, sino someterlo por completo a la voluntad de Claudia Sheinbaum.
Montiel llegaría para cobrar factura
Ariadna Montiel no llegaría por carisma ni por militancia: llegaría, de suceder, porque maneja la chequera más grande de la 4T. Como secretaria de Bienestar, controla millones de beneficiarios y una red clientelar que ningún otro dirigente puede igualar. Este movimiento confirma la tesis más incómoda: en Morena ya no se gana con ideología, se gana con dinero público. El partido se está convirtiendo en una simple extensión del presupuesto federal.
Sheinbaum quiere empleados
El supuesto “ajuste” por venir, según observadores externos, revela la verdadera naturaleza del poder en la 4T: aquí no hay democracia interna, solo lealtad absoluta al Presidente en turno. Alcalde, percibida como demasiado independiente y cercana a corrientes incómodas, sería sacrificada para eliminar cualquier foco de poder que no responda directamente a Palacio Nacional. La tesis duele, pero es innegable: Morena dejó de ser un movimiento para convertirse en un aparato de control presidencial.
El clientelismo nueva religión de Morena
Si Montiel finalmente toma el control, el mensaje al país será devastador: los programas sociales no son derechos, son instrumentos de disciplina política. Este relevo no blindará a Morena de cara al 2027, sino que profundizará su crisis de credibilidad y acentuará la percepción de un partido capturado por el gobierno. La 4T, que prometió no traicionar al pueblo, está demostrando que su verdadero lema es “lealtad o muerte política”.

