Ciudad Juárez, Chihuahua.- La guerra interna en el morenismo de Chihuahua ha escalado a una fase de exposición pública que ya no solo apunta a la cabeza del ayuntamiento de Juárez, sino que comienza a cercar a su círculo legislativo más cercano. El grupo de fundadores y militantes de la vieja guardia, responsables de la campaña gráfica que utiliza la silueta de una rata en alto contraste sobre la imagen de Cruz Pérez Cuéllar, ha decidido extender su ofensiva hacia el diputado local Pedro Torres.
El legislador, señalado por la base histórica como un beneficiario sistemático del azar y el pragmatismo, se ha convertido en el nuevo objetivo de una narrativa que denuncia el secuestro del partido por parte de grupos externos.
La inclusión de Pedro Torres en esta campaña de desprestigio visual no es casual. Dentro de la militancia fundadora existe un profundo resentimiento por el uso de la tómbola como mecanismo de ascenso político.
Torres ha sido bendecido en dos ocasiones por el sorteo de candidaturas para ocupar una curul en el Congreso local, un hecho que los detractores califican como una anomalía estadística puesta al servicio de la conveniencia política. Para los autores de la campaña, el diputado representa el rostro de la burocracia partidista que, lejos de representar los ideales originales del movimiento, actúa como un apéndice legislativo diseñado para proteger los intereses del grupo en el poder municipal.
Esta extensión de la campaña del alto contraste busca romper la narrativa de unidad que Ariadna Montiel intentó proyectar en el pasado Congreso Nacional. Al colocar al diputado Torres bajo el mismo estigma gráfico que al alcalde, los fundadores envían un mensaje claro: la inconformidad no es un hecho aislado contra una persona, sino una resistencia estructural contra un modelo de gestión que consideran corrupto y ajeno.
Mientras la dirigencia nacional apuesta por el pragmatismo electoral de cara a 2027, la base histórica en Juárez parece dispuesta a dinamitar la viabilidad de estos perfiles mediante el señalamiento público constante, evidenciando que la tómbola, lejos de ser un ejercicio democrático, es vista hoy como una herramienta de imposición de cuadros leales pero cuestionados.
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