(Resumen basado en el editorial de The New York Times: «Trump’s Attack on Venezuela Is Illegal and Unwise», publicado el 3 de enero de 2026)
El presidente Donald Trump ha escalado dramáticamente su ofensiva militar contra Venezuela al capturar a Nicolás Maduro en un «ataque a gran escala», tras meses de desplegar una imponente fuerza en el Caribe: un portaaviones, siete buques de guerra, decenas de aviones y 15,000 soldados. Inicialmente, estas tropas se usaron para atacar embarcaciones supuestamente dedicadas al narcotráfico, bajo el pretexto de combatir «narcoterroristas».
Maduro, un líder antidemocrático y represivo, genera poca simpatía. Un informe de la ONU documenta más de una década de asesinatos, torturas, violencia sexual y detenciones arbitrarias contra opositores. Robó las elecciones presidenciales de 2024 y provocó el éxodo de casi ocho millones de migrantes, desestabilizando la región.
Sin embargo, la historia estadounidense advierte contra derrocar regímenes deplorables por la fuerza. Intervenciones en Afganistán, Libia e Irak generaron inestabilidad prolongada; en América Latina, acciones en Chile, Cuba, Guatemala y Nicaragua causaron desequilibrios duraderos. Trump no ha ofrecido una explicación coherente para su accionar, impulsando una crisis internacional sin justificación válida.
La excusa oficial –lucha antidrogas– resulta ridícula: Venezuela no produce fentanilo significativo, y su cocaína va mayoritariamente a Europa. Mientras ataca barcos venezolanos, Trump indultó al ex presidente hondureño Juan Orlando Hernández, condenado por narcotráfico.
Una motivación más plausible surge de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional, que revive la Doctrina Monroe con un «Corolario Trump»: reafirmar la dominación estadounidense en el Hemisferio Occidental, redesplegando fuerzas globales para intervenir en la región.
Esta acción es ilegal e inconstitucional. La Carta Magna exige aprobación del Congreso para actos de guerra; Trump carece incluso de pretextos como los usados por Bush en Irak o post-11S. Expertos jurídicos rechazan que el narcotráfico justifique amenaza inminente. Además, viola el derecho internacional: ataques a embarcaciones implican ejecuciones extrajudiciales prohibidas por los Convenios de Ginebra y tratados de derechos humanos. Un caso ilustró esto al rematar a sobrevivientes indefensos
Políticamente, Trump contradice sus promesas de 2016 y 2024 contra guerras innecesarias. Evita el Congreso, donde incluso republicanos como Rand Paul y Lisa Murkowski apoyan limitar sus acciones.
Realistamente, la intervención no beneficia la seguridad estadounidense. A diferencia de la exitosa invasión a Panamá en 1989, Venezuela es más grande y compleja. La captura de Maduro no disolverá su estructura militar; opositores como María Corina Machado (reciente Nobel de la Paz) enfrentan resistencia. Posibles consecuencias: auge de grupos como ELN o «colectivos», inestabilidad energética, alimentaria y migratoria regional.
Estados Unidos debe evitar cambios de régimen forzados, que históricamente agravan problemas. El aventurerismo de Trump arriesga mayor sufrimiento venezolano, inestabilidad hemisférica y daño a los intereses globales de EE.UU., legitimando acciones similares de potencias como China o Rusia.
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