La escenografía de la limpieza urbana
El presidente municipal de Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, ha retomado esta semana el guion de la política de utilería al participar en las labores de limpieza del Parque Público Callejón 16. Bajo el programa Juárez Amanece Limpio, el edil se sumó a las tareas de encalado de canchas y colocación de botes de basura, una puesta en escena que busca proyectar una imagen de cercanía ciudadana a través de actividades manuales de mantenimiento básico.
El espejo histórico de la demagogia
Este despliegue nos remite inevitablemente a la memoria política de Chihuahua durante la gestión de Francisco Barrio Terrazas. Cuando el panista asumió la gubernatura, institucionalizó la práctica de pintar escuelas durante los fines de semana, lo que le valió el sarcástico apodo del pintor de brocha gorda más caro del estado. Aquella estrategia, que buscaba capitalizar la simpatía popular, terminó siendo un recordatorio de cómo la administración pública puede distraerse en tareas menores mientras los problemas estructurales crecen en el anonimato.
La nueva faceta del alcalde
Ahora, es Cruz Pérez Cuéllar quien parece decidido a ocupar ese espacio simbólico, transformándose en una suerte de barredero de angora. Al igual que su predecesor en las artes del simbolismo político, el alcalde juarense prioriza la foto en el parque sobre la resolución de las crisis que verdaderamente laceran la calidad de vida de los habitantes de Ciudad Juárez, sustituyendo la gestión eficiente por la exhibición de herramientas de trabajo en entornos controlados.
Contraste entre forma y fondo
Resulta imperativo cuestionar la utilidad pública de este tipo de operativos, especialmente cuando se despliega a cerca de 40 empleados municipales de áreas críticas como Rescate y Bomberos para realizar labores de jardinería. Mientras el alcalde colabora en la elaboración de canaletas alrededor de los árboles, la infraestructura vial de la ciudad se desmorona bajo una crisis de baches que requiere atención técnica y presupuestal inmediata, no sólo de los afanes del presidente en un espacio público.
La prioridad invertida de Pérez Cuéllar
Sería, por lo menos, más útil, urgente y duradero que esos afanes de trabajo de campo se utilizaran para tapar baches que hoy inutilizan las vialidades principales. La obsesión por la imagen pública parece haber eclipsado la responsabilidad de atender las necesidades de movilidad que la ciudadanía reclama diariamente, optando por una limpieza cosmética que se desvanece en 24 horas, mientras el rezago en el pavimento persiste como una marca indeleble de la gestión.
El costo de la simulación
El hecho de que durante la semana hayan participado cerca de 250 trabajadores de manera rotativa en tareas de barrido y mejoramiento, bajo la supervisión de dependencias como Atención Ciudadana, revela una estructura gubernamental volcada hacia el clientelismo estético. Esta movilización de capital humano y operativo para eventos de presencia mediática representa un costo de oportunidad altísimo para una ciudad que demanda soluciones de fondo ante deficiencias de servicios públicos que no se resuelven con escobas ni botes de basura.
El aparato de control social
La presencia de funcionarios de la Secretaría de Gobernación y personal de Protección Civil durante este recorrido de supervisión subraya una intención que va más allá de la limpieza: el control y la reconstrucción del tejido social a través del gesto. Sin embargo, la entrega de balones de futbol a estudiantes de la Escuela Primaria Leona Vicario, aunque loable en un plano individual, palidece ante la magnitud de las carencias que el municipio debería estar atendiendo mediante políticas públicas sólidas y no a través de actividades comunitarias anecdóticas.
Una gobernanza de resultados reales
La ciudadanía juarense merece un gobierno que trascienda la política de la brocha y el cepillo, evolucionando hacia una administración que priorice la eficiencia sobre la puesta en escena. Mientras el alcalde se empeñe en jugar el papel de barredero de angora para ganar puntos en su imagen pública, la realidad de las calles seguirá enviando un mensaje contrario: los ciudadanos necesitan menos fotos y acciones más contundentes que realmente transformen el entorno urbano de manera más duradera.



