Islamabad, Pakistán.- La capital de Pakistán amaneció este sábado convertida en una ciudad fantasma debido al inicio de las conversaciones de más alto nivel en décadas entre las delegaciones de Estados Unidos e Irán. Las autoridades pakistaníes impusieron un bloqueo total en el centro de Islamabad para garantizar la seguridad de los equipos negociadores, en un esfuerzo por proteger un proceso diplomático que se desarrolla bajo un frágil alto el fuego.
El despliegue de seguridad refleja la tensión que rodea a este encuentro. Mientras los diplomáticos se preparaban para las reuniones, la situación militar en el Estrecho de Ormuz añadió presión a la mesa de diálogo. Por primera vez desde el inicio de las hostilidades, Estados Unidos envió dos destructores a través del estrecho, lo que provocó una confrontación naval directa con fuerzas iraníes justo antes del inicio de las conversaciones en territorio pakistaní.
El papel de Pakistán ha sido fundamental para concretar esta cumbre. El jefe del ejército pakistaní, Asim Munir, aprovechó sus estrechos vínculos con el círculo cercano del presidente Donald Trump y una coordinación estratégica en Oriente Medio para facilitar el acercamiento. Asimismo, China ha jugado un rol diplomático activo, buscando ganar favor ante la administración estadounidense al presionar a Teherán para aceptar los términos del cese al fuego previo a una cumbre prevista para mayo entre Trump y Xi Jinping.
A pesar del optimismo diplomático, los riesgos de un estancamiento son elevados. Teherán llega a las negociaciones con una posición de fuerza debido a la crisis energética global, que presiona a la Casa Blanca para alcanzar un compromiso rápido. No obstante, aliados tradicionales de Washington en el Golfo han expresado su preocupación, temiendo que un Irán fortalecido tras el acuerdo ponga en riesgo la estabilidad regional si no se aseguran garantías políticas sólidas frente a Israel y sus socios.
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