DUBAI, Emiratos Árabes Unidos. — Un mes después del inicio de la guerra contra Irán, Estados Unidos e Israel enfrentan a un adversario que ha adoptado tácticas de insurgencia, utilizando recursos cada vez más limitados para infligir el máximo daño posible.
Pese a los constantes bombardeos aéreos de las dos fuerzas más avanzadas del mundo, el gobierno iraní continúa hostigando a sus vecinos del Golfo Pérsico y a Israel con misiles y drones, mientras mantiene un bloqueo efectivo sobre el estrecho de Ormuz que asfixia la economía global.
El control del estrecho de Ormuz, por donde circulaba cerca de una quinta parte del petróleo y gas natural mundial, se ha convertido en la principal arma estratégica de Teherán. Aunque su Armada ha sido prácticamente destruida, Irán utiliza misiles y drones para regular el paso de buques, permitiendo solo el tráfico que le conviene y a precios que impone.
Este bloqueo ha provocado un fuerte aumento en los precios del petróleo, caídas en las bolsas internacionales y encarecimiento generalizado de productos básicos. La presión económica recae especialmente sobre Asia, principal consumidor del crudo que transita por la zona, pero también afecta a Europa y Estados Unidos, complicando la gestión del presidente Donald Trump de cara a las elecciones intermedias de noviembre.
La economía iraní, aislada desde hace años por las sanciones internacionales, sufre relativamente poco el impacto que genera en el resto del mundo.
Resistencia persistente
A pesar de los duros golpes recibidos, Irán conserva capacidades significativas. Según Trump, solo queda alrededor del 9% de su arsenal de misiles, aunque esta cifra no ha podido verificarse de forma independiente. El país mantiene una red de bases subterráneas y lanzadores móviles que aplican la táctica de “disparar y huir”, similar a la empleada por los hutíes en Yemen y las milicias chiíes en Irak, grupos respaldados por Teherán.
La geografía montañosa de Irán, comparable en tamaño a Alaska, favorece este tipo de guerra asimétrica, permitiendo ocultar y proteger sus plataformas de lanzamiento.
Problemas internosSin embargo, bajo la superficie persisten debilidades. La población iraní, que ya protestó masivamente en enero contra la teocracia, permanece en gran medida resguardada por los ataques aéreos. La represión anterior, que dejó miles de muertos y decenas de miles de detenidos, aún genera resentimiento, aunque la fuerza Basij de la Guardia Revolucionaria continúa activa y ha comenzado a reclutar niños a partir de los 12 años para reforzar sus filas.
Además, existen dudas sobre la cohesión del liderazgo. Mojtaba Jamenei, nuevo líder supremo, no ha aparecido en público desde su designación y, según fuentes estadounidenses, habría resultado herido. La Guardia Revolucionaria parece operar con cierto grado de autonomía, lo que podría complicar cualquier acuerdo de alto el fuego.
Trump ha amenazado con intensificar los bombardeos, incluyendo centrales eléctricas, si Irán no reabre el estrecho antes del 6 de abril. Al mismo tiempo, ha mencionado avances en posibles conversaciones de alto el fuego, afirmación que Teherán desmiente.
Analistas coinciden en que la estrategia iraní es clara: no busca una victoria militar imposible, sino sobrevivir el tiempo suficiente para proclamarse vencedora ante su población y el mundo.
El conflicto entra así en una fase delicada, donde la capacidad de resistencia de Irán choca con la presión económica y política que ejerce sobre Estados Unidos y sus aliados.
Me gusta esto:
Me gusta Cargando...
Relacionado