Washington, D.C.- La escalada de tensiones entre Estados Unidos y Venezuela ha provocado que ambos países interfieran señales de GPS en el Caribe, una medida defensiva que aumenta los riesgos de accidentes aéreos y marítimos en la región, según datos satelitales y expertos consultados.
Buques de guerra estadounidenses, incluido el portaaviones USS Gerald R. Ford —desplegado en operaciones antinarcóticos—, han generado interferencias GPS en sus alrededores, de acuerdo con análisis de la Universidad de Stanford y fuentes oficiales de EE.UU. que hablaron bajo anonimato. Paralelamente, las fuerzas venezolanas han bloqueado señales alrededor de infraestructuras clave como bases militares, refinerías y plantas eléctricas, según datos de la empresa Spire Global.
Expertos como Logan Scott, pionero en receptores GPS, explican que estas tácticas buscan proteger activos de ataques con drones o municiones guiadas por satélite. «Es defensivo: quieres impedir que lleguen drones a tus posiciones», afirmó Scott, quien advirtió que la combinación de interferencias de ambos bandos amplifica el problema. «La diferencia es solo de qué lado de la línea estás».
El costo lo paga el tráfico civil. Desde septiembre, uno de cada cinco vuelos en el Caribe reporta fallos GPS, según Stanford. Pilotos han perdido navegación, recurriendo a radar y métodos tradicionales. El 10 de diciembre, varios aviones comerciales cerca de Trinidad y Tobago —aliado de EE.UU. que acoge buques estadounidenses— informaron bloqueos. Un piloto de Copa Airlines preguntó por radio si aún era visible en radar tras perder GPS; otro de Caribbean Airlines solicitó guía manual.
Un incidente resaltó los peligros: el 12 de diciembre, un vuelo de JetBlue de Curaçao a Nueva York evitó por poco una colisión con un avión militar estadounidense. El piloto reportó que el aparato castrense cruzó su trayectoria sin transpondedor activo.
La Administración Federal de Aviación (FAA) emitió alertas por «aumento de operaciones estatales» y riesgos GPS, llevando a cancelaciones masivas de vuelos a Venezuela. Trump declaró el espacio aéreo venezolano «cerrado», aunque sin autoridad legal, agravando el aislamiento.
En el mar, petroleros y cruceros han perdido GPS por horas, navegando con cartas antiguas. La militarización —la mayor desde la crisis de misiles cubanos— afecta a residentes venezolanos, muchos incapaces de viajar por Navidad. «Venezuela duele mucho», lamentó Sofía, una ciudadana varada en España, quien oculta su apellido por miedo a represalias.
El Comando Sur de EE.UU. defendió operaciones «legales» antinarcóticos, sin comentar interferencias. Caracas no respondió a consultas.
Estas tácticas, comunes en conflictos como Ucrania, exponen la vulnerabilidad global del GPS. En un Caribe tenso por la campaña de Trump contra Maduro —justificada como lucha antidrogas o interés petrolero—, la guerra electrónica amenaza la seguridad regional cotidiana.