Tegucigalpa, Honduras.- El escrutinio de las elecciones presidenciales en Honduras se reanudó este martes con una ventaja mínima para el candidato centrista Salvador Nasralla sobre el conservador Nasry Asfura, respaldado por el presidente estadounidense Donald Trump, en un proceso electoral que acumula retrasos por problemas técnicos y denuncias de irregularidades de parte de los tres principales contendientes.
Con el 66.5% de las actas procesadas, Nasralla, del Partido Liberal, suma 845,353 votos, equivalentes al 40.13%, mientras que Asfura, del Partido Nacional, alcanza 836,591 sufragios, o sea el 39.71%, según la última actualización del Consejo Nacional Electoral (CNE). En tercer lugar se mantiene Rixi Moncada, de la formación oficialista Libre y exministra de Defensa bajo la actual presidenta Xiomara Castro, con el 19.19% de los votos, lo que la deja lejos de la contienda por el primer puesto.
La jornada del domingo transcurrió sin incidentes mayores, con votantes renovando también los 128 escaños del Congreso, 20 representantes al Parlamento Centroamericano y las autoridades de los 298 municipios. Sin embargo, el conteo preliminar se interrumpió temporalmente el lunes por fallos en el sistema de transmisión de datos, lo que generó un «empate técnico» inicial con menos del 61% de las boletas escrutadas. En ese momento, la diferencia entre Nasralla y Asfura era de apenas 2,593 votos, dentro del margen de error estadístico, según la presidenta del CNE, Ana Paola Hall, quien apeló a la calma de la ciudadanía.
Honduras no contempla segunda vuelta, por lo que el ganador se definirá por mayoría simple una vez completado el 100% del escrutinio, con un plazo máximo de 30 días para la proclamación oficial en La Gaceta, el diario estatal. Solo en caso de empate numérico exacto se activaría un recuento especial, y de persistir la igualdad, se convocarían nuevos comicios en 20 días entre los empatados, un escenario que analistas descartan como improbable dada la complejidad logística.
Los candidatos no han escatimado en reclamos. Nasralla, expresentador de televisión con 40 años en los medios y en su cuarto intento por la presidencia -tras renunciar en 2022 para unirse como vicepresidente a la fórmula de Castro-, publicó proyecciones internas en redes sociales que lo colocan con 120.000 votos de ventaja, aunque aclaró que no se declara ganador y prometió impulsar la Comisión Internacional contra la Impunidad en Honduras (CICIH) si triunfa. Asfura, exalcalde de Tegucigalpa de 67 años que campañó con el lema «Papi a la orden», pidió paciencia a sus seguidores y alegó que sus conteos internos lo favorecen, criticando a Nasralla por adelantar resultados prematuros.
Moncada, por su parte, denunció una «inflación de actas» en beneficio del Partido Nacional y acusó manipulación por parte de la oposición, en un contexto donde tanto Libre como sus rivales habían advertido de posibles fraudes semanas antes de los comicios. El expresidente Manuel Zelaya, esposo de Castro, rechazó la injerencia externa y defendió la democracia hondureña.
El pulso se intensificó con la intervención de Trump, quien en vísperas de la votación indulto al exmandatario Juan Orlando Hernández -condenado a 45 años en EE.UU. por narcotráfico y exlíder del Partido Nacional- y amenazó con cortar la ayuda estadounidense si no ganaba Asfura, a quien las encuestas preelectorales ubicaban en tercer lugar. Este martes, Trump escaló las tensiones al publicar en Truth Social que Honduras intentaba «cambiar los resultados» sin aportar evidencia, advirtiendo que «habrá infierno que pagar» si se altera el conteo. Analistas como Gustavo Irías, del Centro de Estudio para la Democracia, atribuyen a esta intromisión un impacto directo en el estrechamiento de la brecha entre Asfura y Nasralla, aunque el efecto en Moncada fue aún mayor.
Ambos punteros han mencionado la posibilidad de retomar relaciones diplomáticas con Taiwán, rotas en 2023 en favor de China, lo que Pekín evitó comentar directamente pero defendió como una «cooperación fructífera» con Honduras. Mientras el CNE urge tranquilidad, el nuevo gobierno enfrentará un país donde más del 60% de los hogares vive en pobreza, azotado por crimen organizado, violencia política y corrupción endémica. El desenlace, previsto en horas o días, definirá no solo el liderazgo sino la estabilidad en esta nación centroamericana.



