Ciudad Juárez, Chih.- El exadministrador de las aduanas de Ciudad Juárez y Nuevo Laredo, Luis Manuel Terrazas, calificó de absurda y carente de toda lógica financiera y operativa la narrativa gubernamental y de medios de comunicación que asegura que el hidrocarburo ilegal es robado en México, enviado a Estados Unidos para ser lavado y posteriormente reintroducido de contrabando al territorio nacional.
De acuerdo con el especialista en materia aduanera, el término huachicol fiscal ha sido utilizado de manera equívoca y sólo logran confundir a la opinión pública, haciendo creer que el combustible que se decomisa en las fronteras y vías férreas proviene de ductos mexicanos. Terrazas explicó que la realidad técnica es muy distinta, ya que los empresarios gasolineros de entidades como Chihuahua, Durango, Zacatecas e incluso Jalisco adquieren el producto de forma legítima directamente en refinerías estadounidenses, como la ubicada en El Paso, Texas.
El exfuncionario aduanal detalló que sostener la hipótesis del gobierno y medios de comunicación implicaría un proceso burocrático binacional que resulta imposible de ejecutar en la práctica. Para enviar combustible mexicano a Estados Unidos y luego regresarlo, las redes delictivas requerirían tramitar dos juegos completos de pedimentos: el de exportación mexicano y el de importación ante la rigurosa aduana estadounidense, para después dar media vuelta y tramitar un pedimento de exportación de Estados Unidos para devolver el cargamento a México.
Para evidenciar la inviabilidad de la versión oficial, Terrazas cuestionó el papel que tendrían los organismos internacionales, señalando que es impensable imaginarse a la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos permitiendo la entrada de gasolina tipo Magna a su territorio a bordo de autocamiones y carros tanque de ferrocarril. De igual forma, sentenció que resulta inconcebible que la propia aduana estadounidense aceptara la importación de un combustible robado de los ductos de Petróleos Mexicanos respaldado por facturas apócrifas.
El experto aduanal enfatizó el vacío logístico de la narrativa gubernamental al plantear la imposibilidad de reexportar dicho producto, cuestionando qué empresa formal establecida en los Estados Unidos se prestaría a facturar ese hidrocarburo para poder tramitar el Shipper’s Export Declaration o pedimento de exportación requerido obligatoriamente para sacarlo de la Unión Americana.
Terrazas concluyó que, si bien el pedimento de exportación en México se podría evadir mediante sobornos a las autoridades locales, sortear los controles fiscales, ambientales e inspecciones de Estados Unidos bajo ese esquema es inviable. El fenómeno real no es el lavado de combustible robado en México, sino el contrabando liso y llano de hidrocarburo norteamericano legalmente producido, el cual ingresa al país subdeclarando los volúmenes reales para evadir las tasas impositivas mexicanas, contando con la complicidad de las corporaciones de seguridad en la frontera.



