Londres, Reino Unido.- Una intensa y persistente ola de calor mantiene bajo alerta a Europa occidental, consolidando una tendencia climática alarmante que posiciona a este continente como la región del planeta que se calienta con mayor rapidez. De acuerdo con datos del servicio de vigilancia climática de la Unión Europea, Copernicus, las temperaturas promedio en territorio europeo han aumentado aproximadamente 0.56 grados Celsius por década desde mediados de la década de 1990, un ritmo que duplica la media registrada a nivel global.
Especialistas en climatología señalan que, si bien las emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero derivados de la actividad humana son la causa principal del aumento térmico a largo plazo, existen factores de carácter local que aceleran el proceso de manera particular en el continente europeo. Uno de ellos es el deshielo marino en las regiones más septentrionales del Ártico, lo cual deja expuestas grandes extensiones de océano oscuro que absorben la energía solar en lugar de reflejarla.
Paradójicamente, las medidas implementadas para combatir la contaminación industrial también han influido en el alza de las temperaturas. Al reducirse la cantidad de aerosoles y partículas suspendidas en el aire que antes desviaban la radiación solar de vuelta al espacio, la atmósfera europea recibe ahora un impacto directo de los rayos del sol. A esto se suma una histórica disminución en la cubierta de nieve invernal, que el año pasado se situó un tercio por debajo de su promedio anual, exponiendo suelos secos en Escandinavia y la parte europea de Rusia que retienen mayores cantidades de calor.
Esta alteración en las condiciones del suelo y del mar está modificando los patrones de circulación del aire sobre el hemisferio norte. Al reducirse la diferencia de temperatura entre el ecuador y el polo, la corriente en chorro —el cinturón de fuertes vientos del oeste que regula el clima continental— tiende a debilitarse y dividirse con mayor frecuencia en dos ramas sobre Europa. Dicho fenómeno de «doble corriente en chorro» crea zonas de alta presión donde las masas de aire fresco del Atlántico quedan bloqueadas, atrapando el aire cálido durante semanas.
Diversos estudios científicos confirman que este estancamiento de los frentes meteorológicos es el responsable directo del incremento en la intensidad y duración de las olas de calor extremas en la región, rememorando eventos críticos como el del año 2003. Investigadores de universidades europeas se encuentran analizando los registros actuales en países como Francia y el Reino Unido para determinar el grado de influencia del cambio climático en los márgenes extraordinarios por los que se están superando los récords históricos de temperatura previos.



