Nueva Delhi, India.- La guerra en Medio Oriente ha bloqueado el flujo de petróleo y gas a través del estrecho de Ormuz, lo que ha provocado una escalada en los precios energéticos y un fortalecimiento del dólar que golpea con fuerza a las monedas de Asia.
Países altamente dependientes de las importaciones energéticas del Golfo Pérsico enfrentan ahora un doble impacto: suministros interrumpidos y divisas debilitadas frente a un dólar que se acerca a sus máximos de las últimas dos décadas. Inversionistas globales huyen hacia activos estadounidenses en busca de seguridad, depreciando monedas como la rupia india, el won surcoreano, el baht tailandés y el peso filipino.
En India, el principal índice bursátil cayó un 2.5% en una sola jornada y acumula una pérdida cercana al 13% desde el inicio del conflicto. La rupia se ha depreciado hasta alcanzar 93.2 unidades por dólar, un 8% más que hace un año. Como resultado, los importadores indios deben pagar ahora alrededor de 14.,48 rupias por la misma cantidad de energía que costaba 6,087 rupias antes de la guerra.
Filipinas declaró emergencia energética nacional tras importar el 90% de su petróleo de Medio Oriente. La Fundación IBON advirtió que el alza del crudo combinada con la debilidad del peso duplicará la inflación en los próximos meses, afectando especialmente a las familias más pobres. En Corea del Sur, casi el 70% del crudo pasa por Ormuz; su presidente inició una campaña nacional de ahorro energético y el won tocó su nivel más bajo desde la crisis financiera de 2008.
Tailandia enfrenta escasez de diésel que amenaza con paralizar su flota pesquera y dificultar el transporte de mercancías. El baht ha caído a mínimos de diez meses, mientras el nerviosismo global reduce las llegadas de turistas, anulando el habitual beneficio de una moneda más débil.
Los analistas coinciden en que el efecto es especialmente doloroso porque los precios locales del petróleo en Asia superan incluso los referenciales mundiales. El barril de Brent ronda los 100 dólares, frente a los 70 de hace un mes, pero en la región el encarecimiento es mayor debido a la dependencia directa del Golfo.
Kenneth Rogoff, economista de Harvard, señaló que “que suba el precio del petróleo cuando los tipos de cambio ya son débiles es doblemente doloroso”. Jahangir Aziz, de JPMorgan Chase, explicó que los gobiernos enfrentan una disyuntiva: dejar flotar la moneda y transferir el costo a los consumidores a través de importaciones más caras, o defenderla gastando reservas o elevando tasas de interés.
Varios países han optado por medidas mixtas: subsidios a combustibles, racionamiento, reducción de la semana laboral, trabajo remoto en el sector público y congelamiento de tarifas de servicios. En Sri Lanka, se impuso una semana laboral más corta para ahorrar combustible. Corea del Sur mantiene precios tope en gasolina, diésel y queroseno, y subsidia algunos bienes de consumo.
Aunque las lecciones de la crisis asiática de 1997 han fortalecido las reservas y la flexibilidad cambiaria, los gobiernos reconocen que no podrán proteger completamente a sus poblaciones si la escasez se prolonga. El primer ministro indio Narendra Modi calificó la situación como grave pero “bajo control”, comparándola con el desafío de la pandemia.
Mientras tanto, incluso en Estados Unidos el precio de la gasolina ha superado los 3,98 dólares por galón. Sin embargo, el impacto en Asia es más severo por la combinación de mayor dependencia energética y monedas en caída libre.
Los economistas advierten que, aunque el dólar se beneficia hoy como refugio, las fracturas geopolíticas y el obstáculo al comercio mundial podrían, a largo plazo, erosionar su dominio global. Por ahora, la prioridad en Asia es conseguir dólares suficientes para asegurar el suministro energético básico.