¿Error de cálculo de Maru?
La actual coyuntura política en Chihuahua revela una fractura estratégica en la cúpula del poder estatal que podría comprometer la permanencia del Partido Acción Nacional en el Palacio de Gobierno. La tesis central de este escenario sugiere que la gobernadora Maru Campos está cometiendo un error de cálculo al alentar las aspiraciones de Gilberto Loya Chávez, secretario de Seguridad Pública. Esta maniobra parece estar motivada más por una resistencia personal hacia el crecimiento político de Marco Bonilla que por un análisis objetivo de las posibilidades electorales, ignorando que el alcalde de la capital se mantiene como el sucesor natural según la mayoría de los indicadores de opinión pública disponibles en este abril de 2026.
Campos-Bonilla relación desgastada
Los roces públicos entre la mandataria y el presidente municipal no son meras anécdotas de protocolo, sino síntomas de una relación desgastada por la competencia de liderazgos. El episodio de la lona pro-Bonilla durante el desfile de la Revolución y las posteriores declaraciones de la gobernadora calificando estos actos como faltas de respeto evidencian una intención de frenar en seco a quien, por méritos territoriales y estructura, encabeza las preferencias. Al descalificar el proselitismo de Bonilla mientras valida la apertura del partido para perfiles externos como Loya, la gobernadora envía una señal de favoritismo que fractura la cohesión interna del panismo chihuahuense.
Riesgos sistémicos de la opción
El impulso a Gilberto Loya representa un riesgo sistémico para el proyecto estatal. Loya intenta cimentar su candidatura en la Plataforma Centinela y en una supuesta reducción de homicidios, pero se enfrenta a una realidad de seguridad pública que sigue siendo el punto más vulnerable de la administración. Al ser Chihuahua el segundo estado con más homicidios dolosos en cifras absolutas, cualquier crisis de violencia mayor en los próximos meses no solo enterraría las aspiraciones del secretario, sino que arrastraría el prestigio del propio gobierno estatal, dejando al PAN sin una narrativa de éxito que ofrecer al electorado.
Comparación en el terreno electoral
Al comparar la competitividad entre ambos perfiles, Marco Bonilla parte con una ventaja comparativa en el terreno electoral. Como alcalde de la ciudad con el mayor padrón de votantes panistas, Bonilla posee una estructura operativa probada y un nivel de reconocimiento que supera al de cualquier integrante del gabinete estatal. Su capacidad para movilizar a la clase media y a los sectores tradicionales del partido lo hace un candidato de tierra, mientras que Loya es un candidato de diseño institucional cuya fuerza depende enteramente del aparato gubernamental y no de una base social propia o militante.
Resentimiento en las bases
La gobernadora parece creer que la apertura de candidaturas ciudadanas es la llave para legitimar a Loya, pero esta estrategia podría ser contraproducente. En un estado con una tradición panista tan arraigada y orgánica, imponer o sugerir a un perfil que no ha pasado por el rigor de las urnas ni tiene una trayectoria de partido genera resentimientos en las bases. La historia del PAN en Chihuahua enseña que las imposiciones desde el centro del poder estatal suelen terminar en derrotas estrepitosas frente a opciones de oposición que saben capitalizar el descontento de la militancia relegada.
Arbitraje necesario del CEN del PAN
El papel del Comité Ejecutivo Nacional del PAN será determinante para evitar un desastre electoral. El CEN tiene la facultad de atraer el método de selección si detecta que la pugna local pone en riesgo la competitividad del partido. Jorge Romero y la dirigencia nacional observan con cautela el crecimiento de Morena en el estado y difícilmente permitirán que una disputa personal entre la gobernadora y el alcalde de la capital entregue la plaza. El nacional priorizará los números fríos de las encuestas sobre las afinidades del gabinete, actuando como el árbitro que obligue a una negociación de unidad donde los intereses de grupo se subordinen a la supervivencia partidista.
Una interna polarizada
Si la gobernadora persiste en alentar a Loya, el escenario más probable es una elección interna polarizada y desgastante. Una victoria forzada de Loya dejaría al PAN con un candidato cuestionado por sus resultados en seguridad y con una estructura municipalista en Chihuahua capital operando a media marcha o en franca rebeldía. Por el contrario, si Bonilla logra sortear los obstáculos de Palacio, llegaría a la elección constitucional fortalecido por su propia base, pero con el estigma de no contar con el apoyo pleno de la jefa política del estado, lo cual limitaría sus recursos y capacidad de maniobra.
La inseguridad como flanco débil
La vulnerabilidad de Loya radica en que su gestión es su propia sentencia. Mientras Bonilla puede presumir servicios públicos y obras de pavimentación en la capital, Loya debe responder por cada ejecución y por el costo de una infraestructura tecnológica que la ciudadanía aún no percibe como efectiva en su vida diaria. Alentar a un secretario de seguridad en uno de los estados más violentos del país es, políticamente hablando, apostar por un candidato que nace con un saldo negativo en la percepción de justicia y paz social, lo cual es un flanco abierto para cualquier campaña de oposición.
La disciplina de Marco tiene límite
La gobernadora podría estar subestimando la capacidad de resistencia de Marco Bonilla. El alcalde ha demostrado prudencia ante los ataques y ha buscado refugio en la gestión municipal para evitar confrontaciones directas que lo desgasten más. Sin embargo, su disciplina tiene un límite, y si el bloque oficialista continúa cerrándole el paso, la fractura podría derivar en una desbandada de cuadros valiosos hacia otros proyectos o en una pasividad deliberada durante la campaña constitucional que facilite la alternancia en el poder estatal.
Supervivencia vs. batallas de ego
En conclusión, el camino más racional para el panismo es reconocer que la candidatura natural es la que nace del respaldo popular y la consistencia en las encuestas, no la que se construye desde la venia de un escritorio estatal. La insistencia en proyectar a Gilberto Loya como la alternativa a Bonilla es una apuesta de alto riesgo que ignora la realidad criminal del estado y desafía la lógica de unidad necesaria para retener la gubernatura. El desenlace de este conflicto definirá si el PAN en Chihuahua prioriza la continuidad de un proyecto partidista o se pierde en las batallas de ego que suelen preceder a las grandes derrotas políticas.

