Washington, D.C. – Estados Unidos completó la venta de su primer cargamento de petróleo venezolano recibido tras la destitución del presidente Nicolás Maduro, por un valor de 500 millones de dólares, según confirmó un funcionario anónimo de la administración Trump a diversos medios internacionales.
La transacción marca el inicio efectivo de un acuerdo energético más amplio, anunciado por el presidente Donald Trump a inicios de mes, mediante el cual Venezuela entregaría entre 30 y 50 millones de barriles de crudo almacenado a Estados Unidos. Fuentes citadas por CNN indicaron que se esperan ventas adicionales en los próximos días y semanas.
Los fondos obtenidos se depositaron en cuentas bancarias controladas por el gobierno federal estadounidense. Según Reuters, al menos una de estas cuentas se ubica en Qatar, un sitio considerado neutral que permite mover los recursos con aprobación de Washington y sin riesgo de embargo o decomiso por parte de acreedores.
El crudo involucrado proviene principalmente de reservas acumuladas en almacenamiento terrestre y flotante, debido a años de sanciones que limitaron las exportaciones venezolanas. Fuentes consultadas por Reuters advirtieron que los primeros envíos dependerán de resolver cuellos de botella logísticos en la terminal de José, donde la capacidad de almacenamiento es limitada. Este proceso podría extenderse entre tres y cuatro meses.
Mientras tanto, grandes comercializadoras de materias primas como Chevron, Vitol y Trafigura compiten por acuerdos con Washington para manejar estos volúmenes. En el largo plazo, las exportaciones podrían acercarse a los 500,000 barriles diarios que Venezuela enviaba a EE.UU. antes de las sanciones.
Expertos de Enverus proyectan un potencial crecimiento de la producción venezolana: en un escenario base, alcanzaría 1.5 millones de barriles diarios para 2035 (un aumento del 50 % respecto a niveles actuales); en el caso más optimista, podría duplicarse hasta 3 millones de barriles diarios, siempre que se equilibre la oferta y demanda global y se realicen inversiones masivas para rehabilitar la infraestructura petrolera del país.
Esta operación representa un paso clave en la reconfiguración de las relaciones energéticas entre ambos países tras la intervención estadounidense y la captura de Maduro, en medio de un contexto de transición política en Caracas y fuertes intereses comerciales en juego.