Los Ángeles, California.- En una batalla que pasará a la historia como uno de los clásicos más extenuantes del béisbol, los Dodgers de Los Ángeles superaron 6-5 a los Blue Jays de Toronto en 18 entradas del tercer juego de la Serie Mundial, empatando el récord de la postemporada más larga con seis horas y 41 minutos de duración. El héroe de la noche fue Freddie Freeman, quien despachó un jonrón walk-off al jardín central en la entrada inferior de la 18 para sellar la victoria y poner la serie 2-1 a favor de los angelinos, en un Dodger Stadium que explotó en júbilo pasadas las 2 de la mañana hora local.
El juego, que revivió memorias del maratónico Juego 3 de 2018 entre Dodgers y Medias Rojas –también resuelto en 18 entradas con un walk-off de Max Muncy en el mismo estadio–, fue un duelo de resistencia física y mental. Shohei Ohtani, el fenómeno japonés de los Dodgers, brilló con una actuación histórica: conectó dos jonrones, un doble impulsor y llegó a base nueve veces en nueve turnos al bate, estableciendo récords de la Serie Mundial con cuatro hits de extrabases y cuatro boletos intencionales, además de un récord de postemporada con su tercer juego de múltiples jonrones en el año. Su segundo cuadrangular, un batazo de 401 pies en la séptima entrada, empató el marcador a 5-5 y mantuvo viva la esperanza de Los Ángeles en un partido que parecía destinado a un final interminable.
Un repaso inning por inning: De la euforia temprana al drama interminable
Los Dodgers tomaron la delantera temprana en la segunda entrada inferior, cuando Teoscar Hernández despachó un jonrón solitario de 412 pies al bullpen del jardín izquierdo, anotando la primera carrera del juego (1-0). La ventaja se extendió en la tercera con el primer jonrón de Ohtani, un disparo de 389 pies al rincón derecho que igualó su total de siete cuadrangulares en la postemporada (2-0). El abridor de Los Ángeles, Tyler Glasnow, parecía consolidar el dominio con strikes precisos, pero Toronto contraatacó con ferocidad en la cuarta entrada superior.
Allí, los Blue Jays explotaron: Vladimir Guerrero Jr. abrió con boleto, Bo Bichette llegó a primera por error de Tommy Edman, y Alejandro Kirk –el receptor canadiense– conectó un monumental jonrón de tres carreras al jardín izquierdo-central, volteando el marcador a 3-2. La ofensiva torontiana no se detuvo: Addison Barger y Ernie Clement conectaron hits, y Andrés Giménez remolcó la cuarta con un fly de sacrificio, dejando el score en 4-2. Glasnow, quien lanzó 4 entradas y dos tercios con cinco hits, cuatro carreras, tres boletos y cinco ponches en 78 lanzamientos, salió tambaleante, cediendo el montículo a un desfile de relevistas que marcaría el tono del resto de la noche.
Los Ángeles respondió en la quinta: Kiké Hernández abrió con sencillo, Ohtani lo impulsó con un doble y Freeman lo anotó con otro hit, empatando a 4-4. El juego se mantuvo en un tenso equilibrio hasta la séptima superior, donde Toronto recuperó la ventaja. George Springer se lesionó la espalda baja al liderar la entrada y salió del juego, pero sus compañeros capitalizaron: Guerrero conectó sencillo, Bichette impulsó con otro hit (Guerrero anotó tras un rebote en la pared) y Daulton Varsho sumó otro imparable para el 5-4. Inmediatamente, en la inferior, Ohtani empató con su segundo jonrón de la noche, un batazo que silenció a la banca rival y encendió a los 52,000 fanáticos en Dodger Stadium.
De la octava a la 17ª entrada, el marcador se congeló en 5-5 en un ballet de pitcheo y oportunidades fallidas. Destacaron jugadas defensivas clave: en la décima superior, Davis Schneider fue puesto out en home por un relay perfecto de Hernández a Edman y Will Smith tras doble de Nathan Lukes; en la novena, Edman realizó una atrapada deslizante para sacar a Isiah Kiner-Falefa en tercera, y Max Muncy etiquetó a otro corredor en una jugada controvertida. Los Dodgers cargaron las bases en la 13ª con doble de Edman, toque de sacrificio e intencionales a Ohtani y Mookie Betts, pero Freeman voló out. Ohtani, perseguido por Toronto, fue ponchado robando en la novena tras boleto intencional, y acumuló cuatro de ellos en la 15ª, un récord de postemporada.
El bullpen de Los Ángeles brilló en las extras: Clayton Kershaw entró en la 12ª con bases llenas y sacó a Lukes con un rodado blando; Emmet Sheehan escapó de una amenaza con bases cargadas en la misma entrada vía doble play; y Will Klein, un relevista con experiencia limitada, lanzó cuatro entradas en blanco desde la 15ª, usando 72 lanzamientos –su máximo en la temporada– para ponchar y dejar varados corredores. Por Toronto, Max Scherzer (ex Dodger) abrió sólido pero salió temprano; Eric Lauer lanzó 4 entradas y dos tercios en blanco del octavo al 15º, y Brendon Little, el último brazo disponible, cedió el jonrón fatal de Freeman. Los Jays usaron 23 jugadores, un récord en Serie Mundial.
Actuaciones estelares y estadísticas clave
Ohtani no solo bateó .500 (2 de 4) con dos jonrones y un doble impulsor, sino que generó 12 bases totales –récord de Dodgers en Serie Mundial– y llegó a base en todas sus apariciones, incluyendo un golpe y un boleto tradicional. Freeman, con su quinto jonrón de postemporada, fue el salvador, terminando con dos hits y dos impulsadas. Hernández contribuyó con su jonrón inicial y una asistencia clave.
Para Toronto, Kirk fue el detonante con su jonrón de tres, Guerrero impulsó dos y anotó dos, y Bichette remolcó la carrera del 5-4. Sin embargo, el bateo combinado fue pobre con corredores en posición de anotar: 4 de 25 (16%).
Con la serie ahora 2-1, los Dodgers recuperan la localía y el momentum. El Juego 4 se juega este martes en Dodger Stadium, donde Ohtani podría subir al montículo por Los Ángeles, enfrentando a un Toronto que necesita desesperadamente una victoria para empatar. «Esta noche fue una prueba de carácter», podría decirse en el clubhouse angelino, donde la resiliencia de veteranos como Kershaw y la genialidad de Ohtani pavimentaron un camino hacia la gloria. Para los Blue Jays, el agotamiento es palpable, pero su espíritu guerrero –encarnado en Kirk y Guerrero– promete una revancha feroz. En un Fall Classic que ya se perfila como legendario, el tercer juego recordó por qué el béisbol es el deporte de los milagros inesperados.



