Ciudad de México.- La deuda bruta de México como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) cerró el año 2025 en un nivel de 55.80 por ciento, marcando su punto más alto en la serie histórica reciente que abarca desde 1990 hasta la actualidad. Este incremento refleja una trayectoria de endeudamiento que ha mostrado una aceleración notable en el último sexenio, superando los picos observados durante crisis económicas previas.
De acuerdo con datos del Grupo Financiero BASE, fundamentados en información de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), el nivel de deuda se ha incrementado de manera constante tras la pandemia. En el año 1990, la deuda bruta se situaba en 42.80 por ciento del PIB, y tras una reducción significativa que la llevó a niveles cercanos al 20 por ciento a mediados de la década de los 2000, la tendencia cambió radicalmente a partir de la crisis financiera de 2008. 
El reporte anual de finanzas públicas emitido al cierre de enero de 2026 confirma que la deuda neta también se ha mantenido en niveles elevados, ubicándose en 52.6 por ciento del PIB. Aunque el Gobierno Federal ha destacado esfuerzos de consolidación fiscal para reducir el déficit público, el saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público continúa presionando las métricas de sostenibilidad económica del país.
Este nivel de endeudamiento ha generado diversas reacciones en el sector financiero y político. Analistas sugieren que el crecimiento de la deuda bruta podría representar un riesgo para el control de la inflación en el mediano plazo. Por su parte, la administración actual ha defendido que el manejo de la deuda ha sido congruente con los techos aprobados por el Congreso, buscando preservar el grado de inversión ante las agencias calificadoras internacionales.
Perspectivas de la deuda pública para 2026
El panorama financiero de México para el presente año enfrenta retos significativos derivados del nivel histórico de deuda registrado al cierre de 2025. Las proyecciones oficiales y de organismos internacionales coinciden en que el costo financiero de la deuda ejercerá una presión considerable sobre el gasto público, condicionando el margen para inversión en sectores sociales prioritarios.
Para 2026, SHCP estima que el costo financiero de la deuda representará aproximadamente el 15.4% del gasto neto total. Otras estimaciones sitúan el servicio de este pasivo cerca del 4% del Producto Interno Bruto (PIB), una cifra que supera el gasto destinado individualmente a salud (2.6%) o educación (3.3%). Se prevé que la deuda pública neta alcance el 53.9% del PIB al finalizar el año, según proyecciones de BBVA México.
Respecto a la calificación crediticia, las agencias internacionales mantienen a México dentro del grado de inversión, aunque con un monitoreo estricto sobre su capacidad de consolidación fiscal:
- S&P Global Ratings: Ratificó las calificaciones de «BBB» en moneda extranjera y «BBB+» en moneda local con perspectiva estable. No obstante, ha advertido que el bajo crecimiento económico, estimado entre 1.1% y 1.4% para 2026, podría afectar estas notas en el futuro.
- Fitch Ratings: Mantiene la calificación en «BBB-» con perspectiva estable, destacando la prudencia en las políticas macroeconómicas y la estabilidad de las cuentas externas.
- Moody’s: Ubica al país en el nivel «Baa2» con perspectiva negativa, señalando que la incertidumbre externa y los retos fiscales representan riesgos latentes para la calificación soberana.
Para mitigar riesgos, el gobierno federal proyecta que el 84.2% de la deuda interna sea a tasa fija y nominal, con estrategias de diversificación de portafolio dirigidas a reducir el impacto de la volatilidad en los mercados internacionales.



