Pekín, China.- Forjados en las alturas de la Sierra Tarahumara en Chihuahua y las montañas de la Mixteca en Oaxaca, cinco atletas indígenas mexicanos dominaron la 23ª edición del Maratón de la Gran Muralla China, celebrada el sábado 16 de mayo de 2026 en la sección de Huangyaguan, una de las zonas más exigentes de la milenaria fortificación, a unos 130 kilómetros de Pekín.
Frente a casi 1,500 corredores de más de 50 países, los rarámuris Antonio Ramírez Hernández, Mario Ramírez y Sabina Martínez, junto con las mixtecas Miriam Morales Hernández y Balbina Morales Santiago, obtuvieron dos medallas de oro, dos de plata y una de bronce en las distancias de 42 y 21 kilómetros.
En el maratón completo de 42K, Antonio Ramírez Hernández se coronó campeón absoluto en la rama varonil, mientras que Sabina Martínez logró el tercer lugar en la categoría femenil. En los 21 kilómetros, las hermanas mixtecas brillaron: Miriam Morales ganó el primer lugar absoluto femenino y estableció un nuevo récord de la prueba, seguida por su hermana Balbina en segundo lugar. Mario Ramírez completó el dominio mexicano al obtener la segunda posición en la rama varonil de 21K.
La premiación oficial se realizó al término de las competencias, directamente en el sitio de la carrera sobre la Gran Muralla, donde se entregaron las medallas a los ganadores. Posteriormente, los cinco atletas fueron homenajeados en la Embajada de México en Pekín.
Estos corredores, acostumbrados a terrenos irregulares, altitudes superiores a los 2,800 metros y largas distancias recorridas a pie en sus comunidades originarias, enfrentaron más de 5,000 escalones, pronunciados ascensos y descensos sobre la Muralla, además de tramos de asfalto. Su victoria resalta la tradición milenaria de los pueblos rarámuri —conocidos como “los de pies ligeros”— y mixteco en pruebas de resistencia extrema.
Con este histórico logro, los atletas regresan a México como embajadores del talento y la resiliencia de los pueblos indígenas, inspirando a nuevas generaciones y demostrando que la grandeza deportiva surge de la profunda conexión con la tierra y la herencia cultural.
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