La Habana, Cuba. — Cuba atraviesa su peor crisis energética en décadas, con apagones masivos que afectan a gran parte de la isla y generan protestas en varias provincias. El país, que depende en su mayoría del petróleo para generar electricidad, ha perdido sus principales proveedores externos desde inicios de año.
El gobierno de Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump, ordenó el bloqueo de envíos de crudo venezolano a Cuba tras la captura del presidente Nicolás Maduro en enero. Poco después, Washington presionó a México para que detuviera sus exportaciones de combustible a la isla. Ningún otro país ha compensado el déficit, lo que ha dejado a Cuba dependiendo casi exclusivamente de su escasa producción interna de petróleo extra pesado, que cubre apenas alrededor del 40% de la demanda.
La última llegada significativa de un buque petrolero ocurrió el 9 de enero, con el Ocean Mariner procedente de México, que trajo unos 86,000 barriles. Desde entonces, los puertos han permanecido sin actividad relevante de importación, y las reservas se agotan rápidamente.
En La Habana, la capital y sede del gobierno, los cortes de luz son cada vez más frecuentes, incluso en zonas prioritarias. La basura se acumula en las calles por la falta de combustible para los camiones recolectores, los alimentos perecederos se echan a perder sin refrigeración y el suministro de agua potable se ha interrumpido en muchos barrios, ya que las bombas dependen de electricidad. Las autoridades sanitarias han pospuesto miles de cirugías y los tratamientos de quimioterapia se han visto afectados por la falta de medicamentos refrigerados.
En contraste, las zonas turísticas como Varadero, Cayo Coco y Cayo Santa María mantienen el servicio eléctrico gracias a generadores propios y prioridad en el combustible, para preservar una fuente clave de ingresos. Estos enclaves, equipados en parte con paneles solares chinos, funcionan como «burbujas de lujo» en medio del colapso general, con acceso controlado por puestos militares.
Fuera de la capital y los polos turísticos, la situación es más grave. En provincias orientales y centrales, la electricidad llega solo unas pocas horas al día, lo que ha obligado a reducir operaciones en industrias clave como el procesamiento de níquel, afectando las exportaciones. En Morón, una ciudad de 70,000 habitantes, cientos de personas protestaron el 13 de marzo tras semanas de apagones: saquearon y quemaron la sede local del Partido Comunista, sacando muebles, computadoras y documentos a la calle para incendiarlos. En Holguín, los barrios residenciales reciben energía solo tres horas diarias, mientras que en Santiago de Cuba, la segunda ciudad más grande, los cortes de luz y agua han provocado cacerolazos nocturnos como forma de expresión popular.
El presidente Miguel Díaz-Canel reconoció este mes que su gobierno mantiene conversaciones con Washington para buscar soluciones al enfrentamiento bilateral, aunque no detalló avances. Expertos advierten que el déficit energético podría llevar al colapso del sistema económico centralizado cubano si no se resuelve pronto, exponiendo la vulnerabilidad de un modelo dependiente del petróleo importado en un contexto de aislamiento internacional.