Washington, D.C. — Un enfrentamiento entre la Administración Federal de Aviación (FAA) y el Pentágono por el uso de un arma láser de alta energía contra drones de cárteles mexicanos provocó el cierre abrupto del espacio aéreo sobre El Paso, Texas, durante varias horas esta semana, en medio de una grave disputa sobre riesgos a la seguridad aérea.
La tecnología, destinada a neutralizar drones que transportan droga desde México, fue desplegada el 9 de febrero por agentes de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), con observación de personal militar, cerca de Fort Bliss. Lo que creyeron un dron resultó ser un globo metálico de fiesta, según varias fuentes familiarizadas con el incidente. El uso ocurrió sin la autorización previa de la FAA, pese a que la agencia había expresado reiteradas preocupaciones sobre el peligro que representaba para aviones civiles.
En correos electrónicos revisados por The New York Times, el principal abogado de la FAA advirtió el 6 de febrero al Pentágono que operar el láser sin restricciones creaba “un grave riesgo de víctimas mortales o lesiones permanentes” para pasajeros. El 11 de febrero —tras enterarse del disparo—, el administrador Bryan Bedford ordenó el cierre del espacio aéreo sobre El Paso y zonas aledañas por diez días, medida que entró en vigor a las 11:30 p.m. hora local.
La decisión sorprendió a funcionarios de la Casa Blanca y generó un intenso cruce de acusaciones. La FAA notificó con antelación al Departamento de Defensa, al Consejo de Seguridad Nacional y al secretario de Transporte, Sean Duffy, su intención de restringir los vuelos. Sin embargo, la orden se emitió de noche, y a la mañana siguiente la jefa de gabinete Susie Wiles intervino para revertirla, reabriendo el espacio aéreo apenas un día después.
El incidente expone tensiones acumuladas desde el accidente aéreo de 2025 cerca del aeropuerto Ronald Reagan, que dejó 67 muertos y aumentó el escrutinio sobre las operaciones militares en zonas cercanas al tráfico civil. Durante meses, la FAA solicitó datos y pruebas del Pentágono para evaluar los láseres, peticiones que no fueron atendidas. A finales de enero, el subsecretario adjunto Mark Roosevelt Ditlevson informó por correo que el sistema ya estaba “en funcionamiento” cerca de El Paso y que altos funcionarios de seguridad nacional lo consideraban necesario.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, había aprobado semanas antes el uso de la tecnología por parte de CBP. El Pentágono sostiene que cumplió con la coordinación legal requerida, versión que la FAA rechaza. El portavoz Sean Parnell desmintió que Steve Feinberg, subsecretario de Defensa, haya sugerido ignorar los requisitos en una reunión previa.
Como resultado inmediato del conflicto, los láseres antidrones quedaron fuera de servicio temporalmente. La Casa Blanca evitó comentarios directos y remitió a un mensaje de Duffy en redes sociales que calificó el incidente como respuesta a “una incursión de dron de cártel”, afirmación desmentida por fuentes que confirmaron se trató de un globo.
El episodio ilustra las fricciones dentro del gobierno Trump por el equilibrio entre seguridad fronteriza y aviación civil, en un contexto de reducción del personal del Consejo de Seguridad Nacional y prioridades contrapuestas entre departamentos.
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