Ciudad de México.- El 23 de octubre de 1976 marcó un antes y un después en la historia del balompié mexicano cuando un joven de 18 años, apodado el Niño de Oro, pisó por primera vez una cancha de la primera división profesional para defender la camiseta de los Pumas de la UNAM en un duelo frente a los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León, celebrado en el Estadio Universitario.
Aquel encuentro de la temporada 1976-1977 representó el nacimiento futbolístico de Hugo Sánchez Márquez, quien ya contaba con un recorrido destacado en categorías juveniles y selecciones menores, incluyendo su participación y el oro obtenido en los Juegos Panamericanos de 1975, circunstancia que le valió el célebre mote otorgado por el cronista deportivo Ángel Fernández. Bajo la tutela del club universitario, el delantero comenzó a trazar el camino que lo llevaría a la cúspide internacional.
El proceso de consolidación en el máximo circuito dejó momentos memorables desde sus inicios. Su primera anotación oficial llegó el 27 de marzo de 1977 frente al Club América en el Estadio Azteca, durante un clásico capitalino. Esa misma campaña coronó su rendimiento al levantar su primer título de liga con los felinos, consolidándose de inmediato como una pieza fundamental en el esquema ofensivo del equipo.
Durante su primera etapa con la institución auriazul, la cual abarcó cinco temporadas, disputó encuentros decisivos, superó la cifra de cien goles oficiales y conquistó un segundo campeonato de liga en el ciclo 1980-1981, además de cetros internacionales como la Copa de Campeones de la Concacaf y la Copa Interamericana. Su extraordinario olfato goleador y su icónica técnica de remate llamaron la atención del balompié europeo, concretando su traspaso al Atlético de Madrid en el verano de 1981.
La trayectoria del delantero continuó en ascenso al fichar por el Real Madrid, club donde alcanzó la categoría de leyenda viviente tras conquistar múltiples títulos de liga y proclamarse máximo goleador del futbol español en cinco ocasiones, mérito que le otorgó el reconocimiento mundial como el Pentapichichi y lo consagró como el estandarte histórico del deporte mexicano.
Medio siglo después de aquella tarde en Monterrey, el impacto de su debut sigue resonando en la memoria de la afición mexicana, celebrando la carrera del artillero que transformó su promesa de infancia en una de las trayectorias más laureadas del futbol internacional.



