Caracas, Venezuela. – Mientras Nicolás Maduro pasa sus primeras horas detenido en una prisión federal de Brooklyn, Nueva York, tras ser capturado en un operativo militar estadounidense ordenado por Donald Trump, la capital venezolana vive una jornada marcada por la escasez y la incertidumbre.
Este domingo, miles de caraqueños formaron largas filas en supermercados y puntos de venta de agua filtrada en botellones, en busca de provisiones básicas. Muchos comercios restringen el ingreso a grupos de 10 personas para controlar las aglomeraciones, reflejando el temor a desabastecimiento ante el vacío de poder.
El acceso al agua potable se complicó aún más: zonas afectadas por cortes de electricidad, especialmente cerca de Fuerte Tiuna –epicentro del operativo que detuvo a Maduro–, quedaron sin bombas de agua en edificios residenciales. Aunque no son generalizados, los apagones persisten, agravando la crisis cotidiana que arrastra Venezuela desde hace años.
A diferencia del sábado, dominado por el silencio y el miedo tras las explosiones nocturnas, este domingo la ciudad mostró mayor movimiento con la reapertura del Metro y el ferrocarril. Sin embargo, la angustia domina por las víctimas del ataque: reportes indican al menos 40 muertos entre civiles y militares.
Delcy Rodríguez, designada presidenta interina por el Tribunal Supremo, enfrenta advertencias de Trump, quien amenazó con un «precio alto» si no actúa correctamente. El secretario de Estado, Marco Rubio, descartó elecciones inmediatas y priorizó la seguridad estadounidense.
En medio del duelo y la tensión internacional, Caracas busca provisiones esenciales, evidenciando cómo la caída de Maduro profundiza la lucha diaria por alimentos y servicios básicos.
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