Ciudad Juárez, Chih.- El jueves 2 de octubre, se llevó a cabo un acto conmemorativo para honrar a las víctimas y sobrevivientes del movimiento estudiantil de 1968, un episodio trágico en la historia de México marcado por la represión violenta en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, Ciudad de México. El evento, realizado en el Centro Municipal de las Artes (CMA), incluyó la develación de una placa conmemorativa y el cambio oficial de nomenclatura del Viaducto Díaz Ordaz, que en el tramo entre el bulevar Norzagaray y la vialidad Álvaro Obregón ahora lleva el nombre “Mártires de 1968, 2 de Octubre no se Olvida”.
Este cambio simbólico busca mantener viva la memoria de los estudiantes y civiles asesinados el 2 de octubre de 1968 por fuerzas del gobierno mexicano, en un hecho que dejó un saldo indeterminado de víctimas —estimaciones varían entre decenas y cientos de muertos— y que se convirtió en un punto de inflexión en la lucha por la democracia y la libertad de expresión en México.
El presidente municipal, Cruz Pérez Cuéllar, encabezó la ceremonia y expresó su satisfacción por concretar esta iniciativa, impulsada por la activista Judith Galarza, el profesor José Mauricio Parilla y la regidora Patricia Mendoza, y que fue aprobada por el Cabildo local. Durante su discurso, el alcalde destacó la importancia de preservar la memoria histórica para comprender el pasado y construir un futuro mejor, citando la conocida frase: “Quien olvida la historia está condenado a repetirla”. Subrayó que el nuevo nombre del viaducto no solo honra a las víctimas, sino que también servirá como un recordatorio permanente para las futuras generaciones, incentivándolas a preguntar y reflexionar sobre los eventos de 1968. “Hoy honramos a quienes fueron cobardemente asesinados por ejercer su libertad de expresión; con este acto reconocemos su legado y refrendamos nuestro compromiso de no repetir los errores del pasado”, afirmó Pérez Cuéllar, enfatizando el carácter simbólico del acto como un compromiso con los valores democráticos.
La ceremonia contó con la participación de la síndica municipal Ana Carmen Estrada, regidores y regidoras del Ayuntamiento, así como representantes de la comunidad universitaria, quienes resaltaron la relevancia de este gesto para fortalecer la memoria colectiva de Ciudad Juárez y de México en su conjunto. El cambio de nomenclatura del Viaducto Díaz Ordaz —nombrado originalmente en honor al expresidente Gustavo Díaz Ordaz, cuyo gobierno (1964-1970) es ampliamente responsabilizado por la masacre de Tlatelolco— tiene un peso simbólico particular, ya que sustituye un nombre asociado con la represión por uno que exalta a las víctimas y su lucha. Este acto se inscribe en un movimiento más amplio en México para resignificar espacios públicos y reconocer a las víctimas de la violencia estatal.
El movimiento estudiantil de 1968 fue una movilización pacífica liderada principalmente por estudiantes que exigían mayor apertura democrática, libertad de expresión y el cese de la represión gubernamental. La respuesta del gobierno culminó en la masacre del 2 de octubre en Tlatelolco, cuando el ejército y el grupo paramilitar conocido como Batallón Olimpia abrieron fuego contra manifestantes, en un acto que hasta la fecha no ha sido completamente esclarecido en términos de responsabilidades y número exacto de víctimas. La fecha del 2 de octubre se ha convertido en un símbolo de resistencia y memoria en México, con conmemoraciones anuales en todo el país.
En Ciudad Juárez, este homenaje se suma a otras iniciativas locales para preservar la memoria histórica y rendir tributo a quienes lucharon por la justicia y la democracia. La develación de la placa y el cambio de nombre del viaducto refuerzan el compromiso de la ciudad con los derechos humanos y la educación cívica, asegurando que el legado de los mártires de 1968 permanezca como una lección viva para las generaciones presentes y futuras. No se proporcionaron detalles adicionales sobre la placa conmemorativa ni sobre otras actividades específicas realizadas durante el evento, pero el acto fue descrito como un paso significativo para fortalecer la identidad democrática de la comunidad juarense.



